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El pasado inspira las colecciones de la Semana de la Moda de Nueva York

Son pocos los diseñadores y firmas que han sabido darle una vuelta a la historia de la moda, adaptando formas, colores y tejidos a las necesidades de hoy, al estilo actual.

Jeremy Scott es uno de los pocos que aprueba. Su estilo es una continua mezcla de estilos, siempre con un acento pop, urbano y divertido, algo que se agradece ante el tedio que domina las pasarelas.


Su propuesta combina códigos de finales de los cincuenta y de los sesenta y se inspira en el glamour de iconos como la Rizzo de 'Grease' o las integrantes de The Ronettes, aunque también hay guiños a Barbarella, a Warholl y a la psicodelia.

El color presume de intensidad y los tejidos de acabados brillantes (acaramelados, plastificados, acharolados), otro guiño a los sesenta de Rabanne y Cardin. Destacan los estampados de pantallas de televisión y margaritas, y también los de garabatos, pistolas espaciales y gafas de sol retro.


A los setenta viaja el diseñador Tommy Hilfiger. Su propuesta invita a disfrutar de las sensaciones del Caribe, con colores muy vivos y estampados que recuerdan a las vacaciones.

Flores y animales decoran todo tipo de piezas y se apuesta fuerte por la técnica del patchwork y las prendas realizadas en punto: jerséis coloristas y bikinis, algunos con un nostálgico tie-dye.

Toda la colección es una canto a la juventud, a la diversión, un carpe diem de moda y estilo. Por eso vemos camisas Oxford con bordados coloristas, caftanes con hilos de plata y polos de rejilla de corte deportivo con coquetas faldas de motivos étnicos.


Phillip Lim utiliza tejidos muy femeninos para construir prendas de carácter deportivo, con guiños al tradicional armario masculino y cierto toque urbano.

La cazadora de estilo orgánico quiere sustituir a la chaqueta, reinventando así el traje de la mujer que pisa cada día el asfalto, y la camisa blanca clásica se deconstruye y se convierte en vestido.

Todos los tonos de verde que da la naturaleza impregnan la colección y se mezclan con texturas metalizadas, reflejos de ciudad de hierro y cristal.


Zac Posen cambia de registro y deja los vestidos complicados y barrocos, con faldas de amplios volúmenes, para realizar una colección más relajada, muy parecida a las que solemos ver en París.

Poco original, esta propuesta bebe de la estética que dibujan Stella McCartney, Céline o Nina Ricci para intentar a una clienta de gustos europeos.

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