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Verdades y mentiras sobre Milagro Sala, Gerardo Morales y la justicia en Jujuy

Fanáticos kirchneristas a los que Jujuy les importa muy poco. Periodistas que hablan sin saber. Un gobernador que aprovecha y se victimiza para no hablar de su mediocre gestión. La justicia calla, avergonzada de ser lo que es. El peronismo, impresentable. Milagro reclama su libertad sin explicar qué hizo con el dinero que recibió. Tampoco le pide disculpas a la gente por los años de violencia. Todo aquel que tiene dos dedos de frente, mira de lejos el triste espectáculo.

Mucho se habló y se sigue hablando de Jujuy, su justicia y del caso Milagro Sala. Habla el presidente, su vice, el gobernador, sus colegas, diputados, senadores, periodistas, militantes kirchneristas, militantes radicales.

Tanto bullicio de gente opinando tiene algo en común. Todos dicen una parte de la verdad: la que les conviene.

Y así el tratamiento del caso se llena de pos verdades. Se dice mucho y se informa poco.

El que sigue será un intento de contar todo.

Milagro

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Cómo la enorme mayoría de la población en Jujuy sabe, Milagro Sala supo ser una dirigente violenta que hizo ostentación del poder y del dinero del que gozó durante los 12 años de gobierno de Néstor y Cristina Kirchner. La corrupción ni siquiera se disimulaba en su organización. La justicia provincial la investigó y probó que se defraudó al Estado.

Ella, con la ayuda de operadores políticos disfrazados de periodistas, hoy reclama su libertad acusando al poder judicial de sus vínculos con el gobernador Gerardo Morales, pero hay algo que nunca hizo: explicar qué pasó con los 1.300 millones de pesos que la justicia le reclama. Tampoco se disculpó con la sociedad por la violencia a la que la sometió durante una década.

En Jujuy, son muy pocos los que quisieran volver a verla libre.

Justicia infame

La justicia quedó en el ojo de la tormenta por una sucesión de escándalos recientes que involucran al actual presidente del Superior Tribunal de Justicia y a su antecesora.

Pero lo cierto es que el desprestigio del Poder Judicial en Jujuy es un secreto a voces desde mucho antes que Gerardo Morales llegara al gobierno.

Es absolutamente verificable que Morales propició una corte adicta a los 7 días de haber llegado al poder, ampliando la cantidad de jueces de cinco a nueve miembros, colocando allí a tres personas que militaron para su partido.

Eso es tan cierto como que la justicia antes de ser adicta a Morales fue adicta a Eduardo Fellner. O a su ex vicegobernador, Guillermo Jenefes, padrino político del afamado senador Guillermo Snopek, autor del proyecto de la discordia para intervenir el Poder Judicial en Jujuy.

Y si Milagro Sala saliera de la cárcel y lograra su sueño de ser gobernadora de Jujuy, quizás tendríamos una justicia “tupaquera”.

Y quizás allí radique el origen del problema. Los integrantes de la justicia en Jujuy, con honrosas excepciones, viven una vida cómoda de sueldos altos y trabajo part time, resolviendo juicios de manera tan lenta que alcanzan un promedio de 10 años de duración.

La única amenaza para ese devenir privilegiado en una provincia pobre es el poder político, con el que no se meten. Por el contrario, a él se reportan.

Gerardo, en su salsa

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El gobernador Morales no hace más que aprovechar políticamente toda la situación.

Los primeros dos meses de su segundo mandato daban claros signos de desgaste y agotamiento por los malos resultados de la gestión.

Su gobierno se vio rodeado como nunca por sospechas de corrupción, un ministro tuvo que renunciar denunciado por violencia de género y un tarifazo despertaba la indignación de miles de jujeños, entre otros focos tormentosos.

En ese contexto, el proyecto presentado por el senador Guillermo Snopek para intervenir el poder judicial no fue más que un respiro. El gobernador volvió al centro del ring y retomó la pelea que más le gusta, en la que se siente con chances de ganar.

Aún así, hay algo que señalar.

Cuando Morales, con el objetivo de demostrar que la justicia no es adicta a su poder, dice que en el caso Milagro Sala intervinieron “15 jueces, de los cuáles sólo dos han sido nombrados en mi gestión”, está subestimando la inteligencia de quienes lo escuchan con algo de información.

La realidad indica que el contexto que recreó el gobernador, con un Superior Tribunal de Justicia claramente afín y una fiscalía penal “a medida” lista para disparar causas, los jueces inferiores dan muestras de cómo acomodar su criterio y sus interpretaciones de la ley en ciertos casos.

Eso puede inferirse, por ejemplo, del llamativo caso de la diputada mandato cumplido Mabel Balconte, quien según la justicia cometió los mismos delitos que Milagro Sala pero al testificar en su contra en lugar de la cárcel recibió el abrigo de todo el bloque diputados radicales (los mismos que se golpearon el pecho en la marcha de ayer) y una reducción de pena justo cuando se acabó su mandato como legisladora. Casualidad o causalidad, cada uno sacará sus propias conclusiones.

El peronismo, navegando a la deriva

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El Partido Justicialista cumple en todo este debate un pobre papel. Sin liderazgos con legitimidad popular, ninguno de los sobrevivientes a la implosión de 2015 sale a fijar una posición con claridad porque no tienen autoridad moral para hacerlo.

Milagro Sala gobernó Jujuy cuando ellos eran el poder en los papeles e hizo todo lo que hizo con su complicidad y a veces con su complacencia.

El jefe político del senador Guillermo Snopek es el ex vicegobernador Guillermo Jenefes, un hombre que nunca se preocupó demasiado por disimular su desprecio hacia Milagro Sala.

De manera que el proyecto de Snopek puede interpretarse de, al menos, dos formas.

La primera alternativa es que Jenefes y Snopek hayan buscado avanzar con el objetivo de disputarle a Morales el control de la justicia o al menos “negociar” mejores condiciones.

Otra lectura es que se haya tratado de un favor al kirchnerismo de Capital Federal, que quiere ver libre a Milagro Sala.

Si se tratase de este último caso, restaría saber a cambio de qué se propicia ese favor.

Los de afuera no son de palo

El kirchnerismo ha elegido como bandera el discurso de law fare y busca demostrar que todos los dirigentes que comulgaron con la gestión de Cristina Kirchner sobre los que pesan causas judiciales fueron perseguidos políticos, sin importar los expedientes ni las pruebas en su contra. La corrupción, sencillamente, no existió.

En esa lucha aparece Milagro Sala, quien se convierte en un símbolo.

Lograr su liberación no parece otra cosa que parte de un mismo plan que apunta a la reivindicación total de aquel periodo.

El problema es que se parece más a una campaña de impunidad que a un reclamo de justicia.

La marcha de la desmesura

Con semejante relato a su favor, el gobierno convocó a una marcha que contó con mucha militancia movilizada pero también con ciudadanos que concurrieron de buena fe.

A estos últimos, nadie les fue sincero en un 100%.

El gobierno provincial, con Gerardo Morales a la cabeza, in situ, hizo algo pocas veces visto.

Sin rastros de mesura, colocó todos los recursos del Estado para realizar un gran acto de escrache contra una persona.

Milagro Sala no deja de ser un particular que debería dirimir su situación como cualquier persona en los tribunales, recibiendo las acusaciones y defendiéndose en el marco de un expediente.

El gobierno sin embargo utilizó toda la potencia del aparato estatal y desplegó el mismo montaje que se acostumbra para los grandes eventos, con movilización de militancia, escenario con pantallas, transmisión vía satélite, pasacalles y folletería.

Hubo una producción cinematográfica para darle dramatismo a la situación, al mejor estilo propagandístico de los regímenes autoritarios.

Acá, una vez más, el gobierno subestima la inteligencia de la gente. Sin honestidad intelectual, los cráneos en casa de gobierno sólo buscaron manipular la conciencia de los presentes a quienes, en todo caso, era mejor brindarles información sobria y dejarlos que elaboren su pensamiento, antes que bajarles línea.

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