Homenajes 2 de abril: Su hijo fue a Malvinas, murió en combate y lo recuerda con gran orgullo
- Homenaje a los Héroes de Malvinas en Palpalá.
- Don Silverio Quispe recordó a su hijo caído en combate, el Cabo 1° de artillería Fidel Quispe.
A sus 87 años, Don Silverio Quispe continúa asistiendo a los actos que se realizan en conmemoración a los Caídos en Malvinas, sobre todo para honrar a la memoria de su hijo, el Cabo 1° de artillería Fidel Quispe.
Este viernes 2 de abril no fue la excepción y se presentó en la Plaza de la Soberanía Nacional en Palpalá para ser parte de los homenajes.
"Por ahí me quiebro algunas veces, pero estoy orgulloso de haber tenido a un hijo, que se ha ido por su propio gusto, y qué va a ser, no volvió", expresó.
"Estoy contento porque siempre el día de las Malvinas lo recuerdan".
La revista Alero Coya, alguna vez describió que: "el día 13 de mayo de 1982 cayó abatido para siempre el Cabo de Artillería FIDEL ANGEL QUISPE, quien se opusiera heroicamente en combate al avance de los soldados ingleses en Puerto Argentino. Quien ofrendara su vida legándonos un ejemplo de buen soldado y de amor a la patria, fue un hijo de la puna, retoño norteño de 24 años de edad, quien esperaba todavía mucho de la vida".
Nació en Sansana (Departamento de Yavi) provincia de Jujuy, el 26 de agosto de 1958, siendo sus padres don Silverio Quispe y doña Bernardina Centeno. En el año 1976 ingresó a la Escuela Sargento Cabral. Su primer destino fue el grupo de Artillería Blindado 2 con asiento en Rosario del Tala, Provincia de Entre Ríos. El 31 de diciembre de 1980 fue trasferido a la Escuela de Artillería “Tte. General Lonardi”, ubicada en campo de mayo, Provincia de Buenos Aires. El 7 de abril de 1982 es trasladado al Regimiento 3de Paso de los Libres (Corrientes), para ser movilizado posteriormente con destino a Islas Malvinas, donde inmolara su vida en ejemplar acción.
En julio de 1991 la Legislatura de la Provincia sanciona la Declaración Nº18, solicitando al Poder Ejecutivo disponga el emplazamiento en un lugar público de la ciudad de La Quiaca, un monolito que perpetúe su memoria, acto que fuera postergado en su momento de forma indefinida.
En las frías costas de Puerto Argentino se derramó sangre puneña, rubricándose de esta manera la sentencia de que las “Islas Malvinas son Argentinas”.