Jujuy | Maltrato animal |

Historia de un rescate: El perro que caminaba para no caer

Entre tanto bullicio, entre tanto ruido, tanta interferencia, suele pasar que la vida nos toca el hombro con insólitas sorpresas y nos saca por completo de la rutina. Las personas "mascoteras" entenderán la frase: "Después del primer rescate, ya no hay vuelta atrás".

¿Cuántas veces estamos distraídos en la vorágine del día a día? Corremos, tratando de llegar a algún lado. Buscamos, caminamos ligero sin levantar la vista. Nos ubicamos en un lugar en donde escasea el tiempo, donde lo que creemos que es urgente se confunde con lo importante.

Puede pasar. Somos humanos.

Entre tanto bullicio, entre tanto ruido, tanta interferencia, suele pasar que la vida nos toca el hombro con insólitas sorpresas y nos saca por completo de la rutina.

Esta es la historia de un rescate animal.

El maltrato animal es un delito penal, también en Jujuy. La Ley 14.346, conocida más comúnmente como “Ley Sarmiento” pena los actos de maltrato y crueldad animal con prisión de quince días a un año, un delito excarcelable.

La Argentina es pionera en la protección animal mediante la ley del año 1954, pero actualmente tiene las penas más bajas de Sudamérica, cuando en la mayoría de los países del mundo hay una prisión efectiva y se siguen aumentando las penas.

En la actualidad se está revisando, mediante un proyecto de reforma, no sólo la elevación de las penas, sino también la inclusión de nuevos tipos penales como, por ejemplo: la zoofilia, el abandono o la culpa. Este proyecto aún espera su tratamiento.

Cuando nos involucramos en el rescate de un perro abandonado, el primer sentimiento es el de soledad. Creemos que estamos solos, pero parece que San Roque une a las personas de una manera muy especial.

Las personas mascoteras entenderán la frase: “Después del primer rescate, ya no hay vuelta atrás”.

Allí estaba él, a lo lejos, por las calles con barro y charcos llenos de agua de donde saciaba su sed. Avanzaba tambaleante. Caminaba en zigzag. Con su pelaje negro con algunas canas, unas pocas moscas rodeaban su cuerpo, un cuerpo frágil, exhausto. Un saco de huesos. No dejaba de caminar cuadras y cuadras. Él, caminaba para no caer.

Hace semanas que varios veníamos viendo vagar por el barrio. La mayor decepción fue saber que aparentemente tendría dueño.

Varios vecinos, entre ellos niños, dejaban un potecito con agua y otro con comida en sus puertas para que el perrito coma algo. Pero había que hacer algo más. Había que cambiar la triste rutina de este perrito que solo iba y venía de un lado para el otro. Había que ir directamente a la acción.

Él continuaba caminando, no se detenía. Y yo con él, juntos a la par. Anduvimos unos largos minutos juntos, acompañándonos. Había que guiarlo para que no se chocara con paredes, árboles o coches estacionados. No había que perderlo de vista.

image.png

En una cuadra arbolada, alguien detuvo su vehículo frente a nosotros. El perrito seguía caminando mientras yo dialogaba con una vecina que se mostró angustiaba e interesada por saber si el perrito tenía dueño. La joven se tranquilizó cuando supo que él y yo estábamos esperando el transporte que lo sacaría de esta cruda realidad de abandono.

Seguimos avanzando, recorriendo siempre el mismo circuito. Otro vehículo se detuvo. Una mujer bajó del auto con una bolsa llena con alimento balanceado. Hace días que veía al perrito vagando y ella lo alimenta mientras podía. “Ayer lo vi mientras me iba en auto hacia mi trabajo, y las lágrimas inundaron mis ojos, pobre animal”, me dijo ella.

Se sumó a la caminata con nosotros. Le hicimos juntas “el aguante” al perrito hasta que llegó el transporte. Un hombre que sabía lo que hacía, lo levantó y lo colocó en la jaula para que esté más seguro en la cabina de su vehículo.

Mientras charlábamos sobre el estado deplorable del perrito, otro vehículo se detuvo al lado nuestro. Era otra mujer del barrio que justamente ese mismo día había decidido llamar a un transporte para llevar al perrito a un hogar de tránsito.

¡Qué maravillosa coincidencia! De pronto me encontré con otras personas que estaban en la misma “sintonía”, interesadas en cambiarle la realidad a un ser tan noble como un perro. Las lágrimas brotaron sin pedir permiso. Estábamos haciendo lo correcto con él.

Por estas horas, el perrito está recibiendo atención veterinaria y cariño. Los gastos estarán a cargo de quienes nos involucramos. Los que quieran sumarse, serán bienvenidos.

Este día será inolvidable. Cambió por completo la rutina, nos sacó de los problemas cotidianos y nos llevó al mundo de lo posible.

Quizás el verdadero rescate lo hayan tenido quienes vivieron esta tarde mágica. El perrito nos unió. Nos demostró que no todo está perdido. “Hay que seguir caminando para no caer”, fue su mensaje.

A veces se ignoran las herramientas que existen actualmente para poder llevar a cabo una denuncia por maltrato o crueldad animal. Quienes son testigos de tales delitos tienen la obligación moral de efectuar la denuncia penal por el sólo hecho de que, quien es la víctima del delito, es un ser sintiente, con derechos fundamentales que no pueden ser vulnerados o desconocidos.

La normativa y el marco legal existen. Sucede que no se hace cumplir porque muchas veces no se realiza formalmente la denuncia correspondiente ante las autoridades. En las comisarías tienen la obligación de tomar la denuncia por maltrato animal.

Mientras tanto, se debe continuar concientizando sobre la tenencia responsable de mascotas, luchando contra el maltrato. La tenencia responsable implica castraciones masivas, gratuitas y obligatorias, vacunaciones, y ser conscientes que se trata de seres que deben ser respetados y amados.

“La grandeza de una nación y su progreso moral puede ser juzgado por la forma en que sus animales son tratados”, dijo alguna vez Mahatma Gandhi.

Dejá tu comentario