Poemas elegidos para esta semana
En las voces de Hugo Francisco Rivella y de Antonio Ramón Gutiérrez.
Diferentes modos de llegar al poema.
HUGO FRANCISCO RIVELLA
"Pájaro en la noche" de Joan Miró.
Hugo Francisco Rivella, significativo poeta de Salta, expresa en este poema el sentimiento de tristeza, de extrañeza por un amor, extrañeza que lo conduce al poema.
AMOR - POEMA - POETA. Indisoluble unión del inefable lirismo. Gracias, poeta.
TRISTURA DEL NACIENTE
“…llevo en las manos las hojas de la noche,
caracolas con las huellas del triste…”
Empezar el poema diciendo que estoy triste, que no encuentro
resquicio para escapar, que cayeron
del cielo siete peces de arena y mil jinetes rojos fulgiendo sus espadas,
que pasó una muchacha con los pechos al viento y pasó Jesucristo con la cruz a su espalda.
Empezar el poema escribiendo:
te extraño,
llevo en las manos las hojas de la noche,
caracolas con las huellas del triste.
Empezar al poema desde el suelo,
desde
donde lo que soy te va nombrando.
de Espejos Equivocados
* *
ANTONIO RAMÓN GUTIÉRREZ
"Mujer, pájaro y estrella" de Joan Miró.
El poeta sabe que la poesía es salvífica, la que aproxima al hombre al Arte que conmueve, la que necesita un poco de locura para vivir. Y así lo expresa en este bello poema.
ESTA NOCHE
“…Sólo la belleza nos salva y nos hiere,
lo demás es engaño, un sueño de niños,
una alucinación, un estallido…”
Para escribir poesía hay que estar un poco loco,
decididamente loco. La condición humana
es una forma de locura brutal e inexplicable.
Yo estoy un poco loco en esta noche extraña,
perplejo frente al vacío que me prolonga.
Todo lo demás es nada; las teorías inútiles,
los engaños filosóficos, las convicciones cotidianas.
Sólo la poesía se aproxima un centro, a una verdad,
a un núcleo, al hueso pensativo en la cabeza.
Yo estoy algo trastornado ahora y un poco viejo
y el tiempo ha transcurrido y he tomado unas copas
que me aproximan al centro de la tierra,
al fuego, a la existencia.
Todo ha pasado en el líquido carruaje
en el transporte absurdo de agua.
Sólo la belleza nos salva y nos hiere,
lo demás es engaño, un sueño de niños,
una alucinación, un estallido.
Ya estamos todos muertos, definitivamente muertos,
desde siempre, aunque alucinadamente vivos
en este punto exacto, en este vértice.
En esta noche me viene la ausencia de tu cuerpo en flor.
¿Dónde estás ahora?, dime ¿qué es todo esto que me rodea?
Mañana seguramente borraré estos desvaríos
y volveré a la ficción de las cosas, a los trámites burocráticos,
al devenir del mundo, a la persistencia.
De Libro de las Generaciones, inédito.