Personajes desconocidos, segunda parte
Cuántos personajes hemos vivenciado, conocido, gracias a la mirada amable y singular de los escritores. Quedaron tatuados en nuestras mentes esos textos literarios que supieron rescatarlos del olvido. Anónimos algunos, otros señalados por algunas características físicas, mentales o por actos que los elevaron de su contexto, de su gente por sus cualidades humanas. Algunos, se constituyeron en recuerdos de nuestros miedos, disparadores de castigos. Tantos sortearon los senderos de la vida, calles arriba, calles abajo, con sus soledades o pesadez… Pero vivieron, viven en cualquier lugar… selva, barrio ciudad o en el corazón.
* *
ALEJANDRO CARRIZO
“Mujer tocando el violonchelo” por Robert Bereny.
El poeta habla de una mujer buscada, ansiada, recordada, conocida solo por él, salvada del olvido en este bello poema.
ESA MUJER
esa mujer sabía llover
era difícil volver de ella
su piel eran trenes de ida
la transitaban animales dulces
fuegos hechos de agua de jazmín envenenada
sus pechos eran una ovación
sus modos tatuaban los espejos
los hilos de su risa dibujaban
casas de esperar donde uno
podía comerse las paredes
una vez me comí una ventana y la vi
cuando se tragaba el río grande
me escabullí entre unos escombros y la seguí
andaba por mi ciudacita como si tal
en algunas esquinas decía quiero
y aparecían tarcos borrachos de octubre
era un abismo esa mujer
pero
también están los muertos la derrota
tuve que escribirla para no ahogarme
en su violoncello de ocaso
sabía llover
y uno
con tanto tango y el corazón sin paraguas
* *
FELIPA CASTRO
Felipa Castro, poeta jujeña, radicada en Córdoba retoma nostálgicamente el tema del varón zafrero en el siguiente poema, y lo hace con sabor a denuncia social por las condiciones de su trabajo, y por su condición de vida fugaz y sacrificada.
EL HOMBRE EN LA ZAFRA
En tiempos de cosecha,
entre el olor a bagazo quemado,
sabor a miel amarga…
y gusto a guarapo,
macheteando en la zafra…
la vida… se le iba.
En esa tierra vegetal
acunada por la luna y el sol,
ese sol ardiente que chispeaba
el sudor de la frente
del silencioso trabajador…
la vida… se le iba.
Mientras la luna se miraba
en aquellos ojos
mojados y envejecidos
después que el sol
le quemara todo el cuero
y toda el alma.
La Mendieta…
Palos Blancos…
Arrayanal…
La Esperanza…
Son huellas
de un pasado.
Ruidos de machetes,
gritos telúricos
y sabores amargos,
hoy galopan en mi memoria…
encendiendo, aún más,
mi nostalgia.