Personajes desconocidos, primera parte
Pintura de Tito Kuramotto Medina.
Cuántos personajes hemos vivenciado, conocido, gracias a la mirada amable y singular de los escritores. Quedaron tatuados en nuestras mentes esos textos literarios que supieron rescatarlos del olvido. Anónimos algunos, otros señalados por algunas características físicas, mentales o por actos que los elevaron de su contexto, de su gente por sus cualidades humanas. Algunos, se constituyeron en recuerdos de nuestros miedos, disparadores de castigos. Tantos sortearon los senderos de la vida, calles arriba, calles abajo, con sus soledades o pesadez… Pero vivieron, viven en cualquier lugar… selva, barrio ciudad.
NÉSTOR GROPPA (1928- 2014)
“…cómo cavaron tu alma
pastores y misioneros,
cómo cavaron tu carne
las zafras de los infiernos,
cómo en tu tierra, en tu monte,
nunca pudiste ser dueño.”
El cronista sensible de Jujuy, Néstor Groppa, en este poema se duele de la vida y del trabajo de un indio, Ambrosio Loreto de las tierras del Chaco, y en un romance octosilábico, con tono de denuncia social nos habla del terrible trabajo de la zafra en un tiempo no muy distante y que, lamentablemente, no ha desaparecido del todo.
En qué zafra no has tarjado
mataco Ambrosio Loreto,
ya sin el mundo en los ojos,
casi de arena tu cuerpo.
Porque los Llanos de Manso
guardan sus ojos de hachero
como renuevos cortados
al verde tronco del tiempo,
por los valles del Orán
es un brazo del Bermejo,
que deja en los arenales
su tributario silencio.
De las grandes inclemencias
del Pilcomayo o del Teuco,
donde fueron tolderías
rondadas por misioneros
y reinaban capitanes
desesperados de miedo,
mandando tropas de línea
que allí blanquearon los huesos;
de todo lo que regresa
por un madrejón del tiempo
y es verdad, según las crónicas
de Padres, si no mintieron,
bajan las tribus del Chaco
a los campos del ingenio
y en esa tierra esperando
entra su cauce de pueblo.
Como un río remontando
al lugar del nacimiento;
como unas que tornan
al ojo de su milenio,
así la vida del indio
- la misma edad del estero –
pecha en los surcos de caña
hasta perderse sin eco.
En noches del Tabacal,
luna de pobre y negrero,
cuando la mente acompaña
con nombres a cada rezo,
Ambrosio de Las Lomitas,
en otros años hachero,
hoy a los suyos conoce
tan sólo por el recuerdo.
Que es un triste algodonal
crecido en Chaco de fuego,
tapando la embocadura
lejana de su lamento.
Porque es un brazo de raza
que se ha secado en su lecho,
los peces y las charatas,
el palo santo y el cedro,
son esas sombras que duelen
en los remansos del pecho
como en un cauce vacío
duelen los rastros del tiempo.
Cuando retumben las lluvias,
los grandes saltos y el viento;
cuando ya vengan crecidos
los ramales del Bermejo;
cuando la vida rebrote
por los quemados de invierno
y las bandadas encrespen
las juntas de su silencio,
cuatro lunas de camino
le tardará su regreso
por ardidos cañadones
en las leguas del desierto.
Y ya para qué buscarlo
alrededor de los fuegos
en las viejas tolderías
con santones y hechiceros;
si donde luchan los ríos
y viven indios hacheros,
lindando las fabulosas
cabeceras del misterio,
el hombre y la tierra toda
dicen un mismo silencio:
en ocasiones, de luna
sobre los campos del cielo
y en otras, polvaredales
donde se sumen los pueblos.
Ambrosio de los Matacos,
indio libre y prisionero
por muy fatales negocios
con catecismos e ingenios
cómo cavaron tu alma
pastores y misioneros,
cómo cavaron tu carne
las zafras de los infiernos,
cómo en tu tierra, en tu monte,
nunca pudiste ser dueño.
de EN EL TIEMPO LABRADOR. Ediciones “buenamontaña” Jujuy 1966.
* *
SUSANA AGUIAR
“Ahí va el rengo le gritaba la gente,
él no se inmutaba, se sonreía…”
La escritora jujeña Susana Aguiar, actualmente Presidenta de SADE Jujuy, recupera un personaje de la ciudad de Rosario, Fabricio Simeoni, el Rengo, que a pesar de su discapacidad motriz, con su alegría e inteligencia vivía y daba talleres literarios. Reflexiona sobre tantos otros como él que hay en el mundo y dan testimonio de vida.
FABRICIO SIMEONI, "EL RENGO"
A la memoria de Catalino Aguirre poeta del
Hospital Vicente Arroyabe.
Ahí va el rengo le gritaba la gente,
él no se inmutaba, se sonreía.
Fue un artista alegre y lúcido,
arrastró durante treinta y nueve años,
su atrofia espinal progresiva.
Se movía en su silla de ruedas
a tracción a sangre.
Recitaba sus poemas a cualquier amigo
que quisiera tipearle en una Pentium
sus ideas, sus creaciones,
porque Fabricio era parapléjico
pero con un cociente intelectual elevadísimo.
Fabricio sólo tenía un lenguaje literario,
el cual lo convertía como decía Kafka,
"en la extrañeza, la resilencia del coraje,
la dignidad y la dicha de vivir,
en un mundo hostil."
Con sus doscientos ochenta puntos
de coeficiente intelectual,
pasó a destacarse en Rosario,
su ciudad natal,
como un poeta inquieto y provocador.
Fabricio era docente de talleres literarios,
en lugares públicos o privados,
y en cárceles de la ciudad.
Bastaba conversar con él
para plantearse, acerca, de quién es
el que ve, quién es el que anda,
y quién es el que sabe.
Fue a pesar de sus limitaciones
un símbolo inequívoco,
de que el arte es una de las máximas,
expresiones de conciencia, dicha y progreso.
Cuántos Fabricio, habrán en el mundo,
para no olvidar,
que la silla de ruedas, es sólo visible
"en el mar adentro"
porque las olas, nos pegan a todos,
en la misma costilla,
por igual.