Cultura | letras

100 años del Barrio Gorriti y el recuerdo a través de la poesía

Compartimos poemas que refieren a distintos momentos de la historia del barrio centenario, antiguamente nombrado Villa Gorriti.

Jujuy

VI

De Andrés Fidalgo

Los cascos de un caballo

abren

boquetes de sombra

en el rescoldo de la siesta.

Pasa el matungo hambriento

con su machado a cuestas.

Por la Banda de Villa Gorriti

agitan ya las carpas

mujeres pensativas,

gauchos ceremoniosos

y guitarras de fiesta.

Amparada por la grácil manera

del pañuelo en el aire,

nace la zamba tempranera.

Se moverá elegante

la tarde entera.

Y ya de madrugada,

morirá bajo el grito

áspero de la baguala.

Mineral y madera.

¿Gira la tierra a su compás

o son ellos

que la impulsan al ritmo

de su propio girar?

Les trepa por los pies

un anhelo de polvo enredadera.

Y estaciones ardientes

(el verano,

la anticipada primavera),

les imponen

el esfuerzo jadeante de la danza

cumplido como otra obligación,

como tarea.

Fatiga del amor que los convierte

en sumiso instrumento de la naturaleza.

Yo miro con asombro su pausada,

su prolija manera.

Su temor a los cielos,

su obediencia a la tierra.

Domingos

de Néstor Groppa

Siempre hay alguien

mirando

los domingos;

mira la tarde solitaria

con el mendigo que revuelve

un baldío

entre lampazos

y ramas secas.

Mira lo irreconocible,

la cárcel,

los agentes de recorrida,

el campanario de Santa Teresita

en silencio.

A la tarde, los domingos

flamean sólo

los gallardetes argentinos

de la conmemoración

al mediodía.

Los músicos

de la fanfarria

policial

regresan en grupos

a la placita,

atardeciendo.

Sobre tiempos

como nubes lejanas,

sobre perdidas vecindades,

sobre mudanzas

de cosas,

sobre patios que ya no encontraremos

nunca

ahora corren estas niñitas

vestidas de aldeanas para un número artístico.

Hay domingos

en que alguien mira estremecerse

los eucaliptos

las horas ondulantes de la

brisa,

el reverdecer lento

de los troncos

en los cerros de enfrente,

las banderas extranjeras

florecidas

en la Plaza de los Inmigrantes

con sus cubos de colores

y farolas nuevas

a gas.

El cielo es bajo, y bello

es el lejano celeste por el naciente,

entre nubes,

con un halo de libertad infinita.

Hay domingos desvalidos,

irreconocibles apenas

por demasiado

lejanos;

presentes,

pero muy, muy lejanos.

Irreales

de tan breves que fueron

Domingos,

que no existieron.

Día 5

de Elizabeth Soto

Por la ventana del colectivo veo una línea blanca que surca el cielo. Parece el camino dejado por un meteorito que rompió la tela celeste de la capa de ozono. El colectivo va casi vacío y me animo a cantar (bajito). El sol de invierno me motiva a eso. Tal vez me cruces por el puente Gorriti o por las calles del barrio cantando: no me interrumpas.

Estoy pensando si es muy cursi decir cursi...

Voy escuchando a Oasis, siempre me provoca las ganas de llorar que me faltan.

¿La belleza tiene siempre la misma forma?