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Las "hermanas satánicas" y un parricidio que conmocionó al país

Gabriela y Silvina Vázquez mataron de 100 puñaladas a su padre Juan Carlos en la casa que compartían. A 23 años del hecho que conmocionó al país, qué pasó con las hermanas.

El 27 de marzo se cumplieron 23 años del parricidio de Juan Carlos Vázquez. Sus hijas, autoras del hecho, fueron declaradas inimputables y el caso que conmocionó al país, por los escabrosos detalles que trascendieron, se conoció como el de "las hermanas satánicas".

Los Vázquez se habían mudado al barrio de Saavedra de Capital Federal luego de la muerte de la esposa de Juan Carlos y madre de Silvia (21) y Gabriela (29). Los tres vivían en un PH. El hombre trabajaba en una ferretería cerca de su casa, mientras que sus hijas estudiaban en la facultad.

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Para los vecinos se trataba de una familia más. No causaban problemas y se mostraban atentos y simpáticos. Nadie sospechaba lo que iba a pasar.

La noche del miércoles 26 de marzo del 2000 la familia había comenzado un rito de purificación. El mismo terminó la noche siguiente cuando los tres bebieron una "pócima", leyeron al biblia y la menor de las chicas con un cuchillo le grabó al padre en el estómago un círculo con un triángulo en el interior. Luego lo apuñaló en la cabeza y en el cuello. Las heridas fueron alrededor de 100. Juan Carlos no intentó defenderse y murió en la habitación de sus hijas. Tenía 50 años.

Cuando los investigadores llegaron a la vivienda no salían de su asombro. Silvia quería atacar a su hermana y debió ser contenida. La sangre estaba esparcida por toda la habitación y la violencia del parricidio era abrumadora.

El caso rápidamente trascendió y las noticias policiales buscaban dar a conocer cada uno de los detalles del hecho.

Fue entonces que se supo que tras la muerte de su madre, las jóvenes buscaron ayuda espiritual. La menor afirmaba que escuchaba voces en la casa y tras ir a la iglesia, el cura le recomendó acercarse al Centro Alquímico Transmutar. Allí, junto a su hermana, conocieron los cursos esotéricos y los rituales. Se convencieron que había "algo" en su casa y hasta veían el diablo en los espejos.

La única salida que creyeron posible fue realizar un ritual de purificación. Días antes, los tres habían comenzado a dormir en la misma habitación por miedo a los ruidos y sucesos paranormales que aseguraban ocurrían.

Tras el crimen las hermanas fueron trasladadas al hospital Pirovano con custodia policial y luego derivada a un neuropsiquiátrico. Durante los primeros días de detención, Silvia impostaba su voz y repetía que: "Soy el Purificador". También aseguran que culpaba a su hermana de tener "el demonio dentro".

Si bien los investigadores solicitaron investigar al Centro Alquímico, finalmente las pericias practicadas a las jóvenes confirmaron que ambas eran inimputables. La mayor fue diagnosticadas con síndrome pseudoesquizoide mientras que la menor padecía esquizofrenia peligrosa. Sus estados psiquiátricos sin tratamiento fueron los que derivaron en el crimen.

Estuvieron hospitalizadas hasta el 2003, cuando recibieron el alta. Creen que Silvia continuó sus estudios universitarios. Aseguran que nunca más volvieron a verse.