Jujuy | La Esperanza

Radicales y peronistas se divierten con una empresa fundida

El bochornoso final de la visita a la Legislatura del ministro de desarrollo económico Juan Carlos Abud Robles pareció una puesta en escena para desviar el foco de atención: los miles de millones de pesos que se llevó la corrupción en el Ingenio La Esperanza y el sospechoso inversor colombiano que aún hoy no puede demostrar solvencia y seriedad.

En el salón Marcos Paz de la Legislatura hay una lujosa mesa de fina madera y gran longitud, en la que caben decenas de personas para sostener reuniones institucionales de alto perfil. 

El miércoles por la mañana, una punta fue ocupada por legisladores del oficialismo. La otra por sus pares de la oposición.

En el medio, el ministro de desarrollo económico Juan Carlos Abud Robles y el fiscal de estado Mariano Miranda, quienes acudieron con la premisa de informar detalles de la pretendida venta del histórico ingenio azucarero La Esperanza, que permanece quebrado desde hace 18 años. 

En los asientos aledaños, había punteros de los dos partidos que se reparten el poder político en Jujuy desde el regreso de la democracia: la UCR y el PJ. 

Además, se encontraban presentes trabajadores del ingenio azucarero y los representantes del gremio. 

Tras un primer intercambio con algún tecnicismo sobre los detalles de la operación que impulsa el gobierno para venderle la empresa a un grupo inversor de dudosa procedencia, sobrevinieron las consideraciones políticas, reproches y pases de factura entre quienes antes fueron gobierno y hoy conforman la oposición, y viceversa. 

Cuando transcurría la segunda hora de la exposición de los funcionarios, la diputada peronista Alejandra Cejas tildó en tres oportunidades de mentirosos a los representantes del poder ejecutivo. 

El diputado radical Alberto Bernis, la advirtió una vez y a la segunda comenzó a vociferar acusaciones contra el ex gobierno peronista, las mismas acusaciones que el oficialismo evita presentar en la justicia para que un fiscal las investigue. 

Los militantes se sumaron al coro de gritos. Por espacio de tres minutos todos intercambiaron ademanes, alaridos, alguna amenaza de “meterlos a todos en cana”, y dedos acusadores apuntados a sus adversarios. 

Tras el levantamiento de la reunión, la supuesta indignación de unos contra otros cedió paso a risas socarronas y divertidos comentarios entre legisladores ambos bandos, a quienes parecía causarles gracia la situación. 

En realidad la escena fue patética. 

Mostraba una profunda falta de seriedad entre quienes, en teoría, representan los intereses de la ciudadanía jujeña. 

Desde el año 2000, el ingenio La Esperanza fue sostenido artificialmente por el estado, con el argumento de contener la situación de 2.000 familias, cuyo sustento dependía en ese entonces dependían de la fábrica situada en el departamento San Pedro. 

A partir de allí, cada año, el estado aportó miles de millones de pesos, de los que no se conocen balances ni rendiciones de cuentas. 

Según declaraciones esporádicas de los funcionarios a cargo, como el ministro Robles, se invirtieron más de mil millones de pesos en las dos últimas zafras. Más dinero público volcado en lo que se ha convertido en un verdadero agujero negro para todos los contribuyentes de Jujuy. 

Hoy, el gobierno intenta apurar la supuesta venta a un misterioso grupo inversor, que en dos años no ha podido demostrar su solvencia económica ni su existencia jurídica. En virtud de la escasa información que se conoce, el grupo Omega Energy despierta más dudas que certezas. 

En ese marco, los diputados provinciales tenían la oportunidad durante la mañana del miércoles de sostener un debate de alto vuelo para informar y transparentar ante la sociedad interrogantes que manchan a la clase política local con sospechas de corruptela. 

Esa oportunidad fue desperdiciada. En lugar de ello, eligieron realizar un ridículo acting que pareció acordado para dar por concluida la reunión y mantener el folclore mal entendido entre quienes dicen pertenecer a sectores partidarios diferentes, pero en realidad comparten una sociedad política que se apropió de los recursos de todos los jujeños y con el paso de los años los dilapida.