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El día que Milagro Sala y Gils Carbó se unieron por la reforma judicial K

Cuando todavía seguía vigente el sueño de “Cristina Eterna”, la líder de la Tupac Amaru y la procuradora general participaron de un acto de “Justicia Legítima”, el colectivo kirchnerista que pretendía elegir mediante el voto popular a quienes debían seleccionar los jueces. 

El 11 de mayo de 2013, la Universidad Nacional de Jujuy se sumó a una movida nacional fogoneada por el kirchnerismo que impulsaba la denominada “democratización de la justicia”.

La misma consistía en un paquete de leyes enviadas al Congreso, que en aquel entonces pretendía reformar algunos aspectos del funcionamiento del Poder Judicial, con el argumento de dar mayor legitimidad a los responsables de impartir justicia. 

Uno de los puntos que más polémica generó entonces fue la intención del kirchnerismo de elegir a los jueces que integran el Consejo de la Magistratura – órgano que designa a los jueces federales – mediante el voto popular. 

Muchos vieron allí la intención de llevar los métodos clientelares utilizados por la política durante años a un terreno delicado, como la selección de los hombres encargados de impartir justicia. 

Por aquellos días se conformó un colectivo de militantes kirchneristas que intentaron instalar el debate en la sociedad y crear el contexto propicio para que el Congreso apruebe las modificaciones. Fue conocido como “Justicia Legítima”, cuya identificación con el gobierno de Cristina Kirchner fue inocultable. 

Allí coincidieron Milagro Sala y la actual jefa de los fiscales, Alejandra Gils Carbó. Ambas formaron parte del panel que se reunió en las instalaciones de la facultad de ingeniería de la Universidad Nacional de Jujuy, bajo la conducción por aquellos días de Enrique Arnau. 

En el panel, la dirigente y la procuradora defendieron el proyecto oficial. 

Los críticos del gobierno en aquel entonces asociaban la intención de la reforma con la búsqueda de una justicia integrada por hombres de leyes que comulguen con el proyecto k. 

A su vez, un triunfo en las elecciones legislativas de ese año abría la posibilidad de una reforma constitucional para darle forma al sueño de una re-reelección de la entonces presidenta, y así cumplir con el mandato de "ir por todo".  

Todas esas proyecciones quedarían sepultadas meses después con una aplastante derrota electoral. 

 

 

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