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Una policía violenta es hija de un régimen violento

Un nuevo caso de abuso policial salió a la luz en los últimos días, esta vez le tocó a dos jóvenes discapacitados que fueron golpeados y detenidos mientras esperaban un colectivo, la policía dice que buscaban un par de sospechosos.

Estos jóvenes además fueron detenidos, a pesar que de su cuello colgaban las respectivas credenciales que acreditan que padecen una parálisis cerebral.

Este hecho se suma al ocurrido a una mujer también golpeada y detenida sin razones lógicas en un control de alcoholemia.

No podemos dejar de lado la potestad que tiene la policía para determinar quienes sí y quienes no puedan manifestar, o bien detener a alguien por el simple hacho de mostrar un cartel contrario a Gerardo Morales.

También la policía es la dueña del talonario de contravenciones, las que son usadas para disciplinar o castigar a los privados, a los partidos políticos o a los gremios.

Talonario que la policía lo utiliza de una manera absolutamente funcional al régimen imperante en la provincia.

La policía de Jujuy puede disponer de medio centenar de efectivos para clausurar un boliche o una confitería porque hay más gente de la supuestamente permitida, es la misma policía la que impone discrecionalmente la cantidad de adicionales y es la misma policía la que decide si los privados pueden o no trabajar. Todo un disparate a la medida exacta del régimen.

Morales es cultor de la doctrina “La paz a través de la fuerza…”, acuñada y practicada por Ronald Reagan, por supuesto que en estas tierras se hace de una manera rudimentaria y hasta precaria si se quiere.

Desde hace un tiempo largo distintos sectores de la vida social de la provincia vienen advirtiendo el peligroso cambio de modelo político en la provincia. Jujuy está mutando desde una democracia imperfecta y llena de vicios a una autocracia en su más puro sentido.

Una autocracia que no es distinta a la que vemos azorados en otras partes del país e inclusive en el continente.

Formosa es una autocracia, Santa Cruz es una autocracia, Nicaragua es una autocracia, y Jujuy también es una autocracia.

En todos estos lugares hay denominadores comunes como, por ejemplo, un poder judicial absolutamente subyugado al poder político, un parlamento protocolar y una oposición rentada por el poder central.

También hay otro elemento común a estos lugares, la necesidad de consolidar el poder del autócrata por medio de la fuerza, y para este cometido, los autócratas tienen en su poder una sola herramienta, la fuerza policial, que en estos casos se constituye en el garrote del autócrata.

En la Jujuy de hoy vemos como la policía se comporta de una forma absolutamente autoritaria, básicamente porque la policía ejerce su función de una forma politizada, es decir, que la función policial es usada para servir los intereses del gobierno más que para asegurar la protección de la ciudadanía.

Morales ha abandonado el concepto que la seguridad es derecho. Todas las personas tenemos derecho a la seguridad. La seguridad es un derecho fundamental para el ejercicio de otros derechos, como el derecho a manifestarse, a abrir un negocio, llevar a tus hijos a la escuela. Todas estas son actividades ciudadanas que necesitan de la seguridad como precondición.

En definitiva, tenemos que pensar en una policía en un contexto democrático, una nueva policía donde la mirada este únicamente puesta en ese derecho que tienen todas las personas a vivir en un contexto de seguridad, y para esto lo primero que hay que hacer es tener una política orientada a la protección de la ciudadanía, y este objetivo se logra únicamente con la participación de la ciudadanía.

Es indispensable escuchar la voz de toda la ciudadanía, especialmente la de quienes más suelen sufrir abusos por parte de la policía. Esas son las personas que no son escuchadas.

Algo que definitivamente debemos cambiar en nuestros modelos de seguridad es que debemos darles más voz a las personas que han sufrido abusos, a quienes han perdido seres queridos en manos de la policía, a quienes han sido objeto de detenciones arbitrarias, a quienes han sido lesionadas en manifestaciones.

Todas esas personas, que han padecido la violencia policial, también tienen un derecho a la seguridad y se les debe escuchar.

También es fundamental la existencia de un control civil externo. Algo que la policía hace muy bien es convencer a actores clave sobre la necesidad de operar sin ese contrapeso externo desde el mundo civil. Un punto central es quitarle tanta centralidad a la policía en el manejo de la seguridad.

Morales tiene una policía a su medida, una policía violenta es hija de un gobierno violento.

El problema es de fondo, es filosófico, es de lo que se entiende o no por democracia, y en estas materias Morales hace rato que exhibe una ignorancia supina.

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