Palpalá asolada por la delincuencia
El texto firmado por los vecinos del sector, que días pasados hicieron una marcha por calles de la ciudad Siderúrgica reclamando por los constantes hechos de inseguridad y la pronta intervención de las autoridades provinciales y municipales, dice lo siguiente:
“Somos padres de alumnos de la Escuela Nº 450 y vecinos del barrio 18 de noviembre que día a día pasamos nuestra vida en nuestro querido barrio o transcurrimos nuestras horas en esta gran escuela. Con gran pesar no podemos entender como estos últimos tiempos tenemos que sufrir todo tipos de ultrajes.
18 de Noviembre es un barrio ubicado a las orillas de la ciudad de Palpalá que tiene como accesos principales la Avenida José María Fascio y la calle Combate de Humahuaca. Pero a su vez, para acceder al mismo utilizamos pasos aledaños o alternativos que son en algunos casos calles “abandonadas”, tanto por sus dueños como así también por las autoridades gubernamentales como policiales, que deberían mantener el buen estado de los terrenos baldíos, o que en horarios de mucho tránsito peatonal (niños, jóvenes y adultos) sea por la mañana, a la tarde o a la noche, deberían tener mayor atención policial, tanto por ser un barrio periférico; como por poseer en el mismo una institución escolar primaria.
Que en vez de “prevenir” como expresa la palabra, esperan que los hechos lamentablemente sucedan. Robos, ataques, tratos indecorosos y lo más grave, violaciones físicas de mujeres que denunciadas o no nos conmueven al extremo; son hechos que dejan de manifiesto la grave crisis por la cual atraviesa nuestro barrio.
La denuncias, las exposiciones policiales, las notas de pedido, que también podríamos considerar súplicas por la seguridad de nuestro barrio. Fueron elevadas a quien corresponda en estos últimos cuatros años y sentimos que han caído en oídos sordos sin darnos respuestas.
Llegamos a hoy 3 de abril, día trágico en que una docente sale de su casa con la única idea de formar niños y que un malviviente aprovechando todos los descuidos antes mencionados por autoridades públicas y privados, la agrede físicamente marcándole la vida a ella y a toda su familia y dejándonos con el sabor amargo de exclamar “Se podría haber evitado”.
¿Qué tranquilidad podemos tener de ahora en más? Sólo esperar que cada quien asuma las responsabilidades que les correspondan y sancionen todos los que así no lo hicieron.
Todos creemos en Dios, y esperamos que les alcance el consuelo a todos los vecinos que sufrieron tan repudiables ataques”.