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Monterrico y el fracaso del plan “Lote para todos”

Fue implementado de urgencia en 2011 por el ex gobernador Walter Barrionuevo, ante la toma ilegal de tierras en toda la provincia: el desorden fue tal que hubo estafas, reventa de terrenos y loteos inaccesibles, sin agua ni luz, expuestos de manera brutal en la localidad. 

La localidad de Monterrico, a 30 kilómetros de la Capital, se convirtió en una pequeña muestra de la desastrosa política habitacional del fellnerismo. 

Con el recambio de autoridades, quedaron expuestos los avances de los actos de corruptela que tenían como pantalla la necesidad de la gente por acceder a una vivienda, o al menos a una porción de tierra donde empezar a levantar cimientos. 

Es el caso de la deficiente implementación del tristemente célebre plan “Un lote para cada familia jujeña que lo necesita”. 

Fue una medida de urgencia, tomada casi con desesperación por el ex gobernador Walter Barrionuevo y quien era su jefe y lo monitoreaba desde un despacho del Congreso Nacional, Eduardo Fellner, con el objetivo de parar una crisis habitacional que se había originado por la muerte de cuatro personas durante una toma de terrenos en Libertador General San Martín. 

El panorama era escandaloso para el gobierno: habiendo sido Jujuy una de las provincias más beneficiadas del país con dinero para la construcción de viviendas, aún quedaban alrededor de 25 mil familias sin hogar, viviendo hacinadas en asentamientos o en multitudinarios hogares.

La respuesta fue duplicar la apuesta de la demagogia: como antes no hubo tierras para nadie, ahora habría tierras para todos. 

El gobierno intentó organizar un plan de loteo masivo en los terrenos fiscales de toda la provincia, y entregarle un título de propiedad a la gente que lo reclamaba. 

El resultado fue un desastre. 

Los pocos lotes que se entregaron de acuerdo al plan aún hoy son prácticamente inaccesibles, carecen de servicios básicos y se encuentran en terrenos baldíos inhóspitos. 

Pero también las miserias estuvieron a la orden del día. 

Diariamente se podían descubrir los avisos clasificados en donde beneficiarios ofrecían sus lotes a otras personas igualmente necesitadas a sumas irrisorias de dinero. 

Hubo empresarios que compraron los lotes y construyeron galpones sobre tierras destinadas a la ayuda social. 

No faltaron los punteros políticos que vendieron 4 o cinco veces los mismos lotes, o bien hicieron clientelismo en épocas de campaña electoral manejando numerosas obleas para bendecir a quienes trabajen políticamente para uno u otro sector político. 

Todo ante la incomprensible pasividad de un gobierno ausente que desertó en su obligación de gobierno en la etapa final de su ciclo. 

Todos estos vicios, quedan expuestos de manera brutal en Monterrico. 

Administrada durante 12 años por el dirigente del Frente Para la Victoria, Nilson Ortega, la ciudad es la principal apuntada por las irregularidades en la construcción de viviendas y venta de lotes. 

Según el secretario de producción y medio ambiente, Javier Rivadero, la herencia recibida en esta materia es brutal.

El barrio 25 de mayo, es un lugar despoblado físicamente, pero sus lotes están superpoblados de títulos en los expedientes de la dirección de inmuebles. La única explicación a la insólita superpoblación de títulos de propiedad es la estafa perpetrada por dirigentes que entregaron más de una vez los títulos de propiedad. 

“El municipio analiza la posibilidad de expropiar, son tierras fiscales, cuando ocurrió la crisis de 2011, se entregó los terrenos a la gente, pero son terrenos sobre los que no se hizo ningún tipo de estudios, son prácticamente inaccesibles”, explicó Rivadero. 

En palabras del funcionario municipal, se entregaron lotes a mansalva, sin luz, agua, ni servicio alguno. “Les tuvimos que llevar agua con camiones regadores. Sabemos que hubo programas destinados a obras de saneamiento que nunca se concretaron”.

La pequeña muestra en la que se transformó Monterrico, da cuenta del desastre que tuvo lugar en toda la provincia, con distintos matices, tras el fracaso estrepitoso de la política habitacional, durante la década ganada. 

 

 

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