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Monseñor Fernández: “Servir y dar la vida”

A pocas horas de tomar posesión como nuevo obispo de Jujuy, Monseñor César Daniel Fernández dialogó en exclusiva con Jujuy al Momento.

Afable como siempre, este porteño nacido el 20 de octubre de 1954 y ordenado sacerdote en la catedral de Buenos Aires, el 14 de noviembre de 1980, recibió a nuestro medio en su oficina del Obispado.
 
Habló de su experiencia en Jujuy, donde llegó por la enfermedad de Monseñor Marcelino Palentini, y de lo vivido durante casi un año. Lo primero que le preguntamos fue por la ceremonia de toma de posesión de la diócesis.

Básicamente es el nombramiento que hace el Papa de un nuevo obispo.  Manda un documento que se llama Bula, con su firma, en el cual hace el nombramiento del obispo para una diócesis.

En al ceremonia de toma de posesión, el obispo tiene ese documento en la mano y lo muestra al presbiterio -los sacerdotes- y los fieles, para que vean que no está usurpando nada sino que viene a cumplir esa misión. Se levanta un acta de ese momento. Es una ceremonia más privada que tiene lugar en la catedral frente a algunos sacerdotes. Se hace un acta, se firma y finaliza la parte jurídica. Luego comienza la ceremonia presidida por Monseñor Mario Cargniello, arzobispo de Salta, que es la cabeza de esta zona. Da comienzo a la misa y pide que se lea la bula papal por la cual se pone en posesión de la diócesis al nuevo obispo.

En esta misa no hay ritos especiales, más allá de “la cuestión folklórica”. Gente llegada de distintas zonas ofrecen sus dones, sus regalos.

Todo comenzará a partir de las 3 de la tarde. Como también es la fiesta del Santísimo Salvador, se hará una procesión que partirá a las 15 desde la Catedral, con las imágenes, yendo hacia el monumento de Gorriti. Ahí se junta la gente que llegue desde distintos lugares y el intendente recibirá al nuevo obispo. La próxima parada será en Casa de Gobierno, donde habrá un segundo acto protocolar con autoridades provinciales.

Alrededor de las 17 será ceremonia de toma de posesión.

Aunque parezca una pregunta sin mayor sentido, ¿Qué es un obispo?

En el fundamento de nuestra fe. Los católicos tenemos la Constitución de los 12 Apóstoles. Durante su vida Jesús eligió a 12 hombres y entre ellos a uno que propone como cabeza de los 12, San Pedro, con lo que establece las “columnas de la Iglesia”.

Después de la resurrección y ascensión de Jesús al cielo, los apóstoles fueron fundando comunidades y haciéndose cargo de  la vida de la Iglesia y de la fe. Estos a su vez nombraron a sus sucesores y luego siguieron otros y así venimos todos y llegamos los que estamos ahora, siguiendo aquella tradición apostólica que se llama “Sucesión de los 12 Apóstoles”, como ocurre ahora. Ha muerto un apóstol, Monseñor Palentini, y el jefe de los Apóstoles, el Santo Padre, sucesor de San Pedro, elige otro apóstol para que se haga cargo de esta iglesia local.


¿Cuál es su lema?

El lema que yo elegí cunado me ordené obispo el 30 de noviembre de 2007, es “Servir y dar la vida” tomando palabras de Jesús en el Evangelio, cuando habla del carácter servicial de la autoridad. Jesús trata de aclarar algunos entredichos que tenían los apóstoles; un poquito de competencia porque querían ver quién era el primero o el más importante. Jesús les dice: “el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos” (Mat. 20-28)

¿Cuáles son sus lineamientos pastorales?

Lo que yo me he propuesto, no sólo aquí sino en todas partes a donde llegué para cumplir mi misión sacerdotal, siempre fue ver, valorar y sopesar lo bueno que se está haciendo en el lugar, que seguramente es mucho. Acá ya lo conozco porque hace casi un año que estoy. Lo primero es rescatar todo lo bueno que se ha hecho antes y luego, con el consejo, la ayuda y la colaboración de todos,  ir delineando a partir de ahí, otras estrategias o acciones para responder a la realidad que siempre es cambiante. Siempre nos presenta nuevos desafíos y uno no puede ir con una receta prefabricada.

Par hacer el pan, quinientos años atrás, veinte años atrás u hoy, los ingredientes que hacen falta son siempre los mismos. Para responder a la realidad desde el Evangelio y desde la acción pastoral de la Iglesia, las cosas cambian cómo cambia la vida. Uno tiene que ofrecer la Palabra de Dios y la vida de Jesús a un mundo que está siempre en continuo desarrollo. A una sociedad y a un pueblo de Dios que también va evolucionando, que tiene sus nuevos desafíos, sus nuevas necesidades.

¿Qué realidad encontró en Jujuy?

La realidad es muy variada porque la Diócesis tiene una extensión considerable, con sus distintos conglomerados urbanos y rurales, distintas culturas, etnias, realidades sociales, económicas y humanas. Lo más valioso y rescatable, nuestro gran tesoro, es el potencial humano de nuestra gente. Es un pueblo sufrido, solidario, trabajador, que realmente cuando se lo motiva y cuando se le ponen y cultivan los más grandes ideales que tiene dentro suyo, es capaz de grandes cosas.

Estamos desde hace meses viviendo el clima del Bicentenario de Éxodo, donde como paradigma se nos recuerda ese acto generoso de amor por la Patria de nuestros antepasados que fueron capaces de quemar sus tierras, agarrar sus cosas y salir para adelante. Cuando se ve que hay un bien mayor que buscar, el sacrificio de la propia felicidad o el propio bien queda supeditado a eso. Veo que hay una enorme capacidad; que la sigue habiendo como hace doscientos años de salir adelante. Veo el ingenio popular que sabe no bajar las fuerzas sino con solidaridad, con esfuerzo, con creatividad, salir adelante superando las situaciones más difíciles que les haya tocado vivir. Situaciones que muchas veces podría sumirnos en la desesperación o en el abandono. Sin embargo el pueblo surge de lo más profundo, con sus valores y sigue para adelante. Ese creo que es el valor más hermoso.

Lo que no andan son las cosas que los hombres no hacemos bien. Falta justicia, las posibilidades para todos, que alcance el trabajo para todos, que todos tengamos oportunidades de estudiar, de salir de adelante. No vivimos nada distinto al resto del país. Trabajo, educación y algunos buenos valores, me parece que es lo que nos está faltando para incrementar. Tenemos un pequeño capital; se ha hecho mucho pero también hay mucho por hacer.

¿Cómo Iglesia dónde cree que hay que poner el foco?

Lo nuestro me parece que es acompañar mucho a la gente. La Iglesia tiene  la posibilidad de una acción capilar a través de sus agentes pastorales, de sus misioneros. Capta como si tuviera un radar, las necesidades, las angustias de la gente y la labor de los sacerdotes y de la Iglesia es juntar la comunidad, tratar de superar pequeñas divisiones en las comunidades, para que busquemos juntos y unidos el bien de todo. Nuestra estrategia es eso. Juntar el rebaño. El rebaño nuestro y el rebaño de hombres de buena voluntad, cuando se trata de fines que trascienden la fe, que no son específicamente del culto. No quiero traer a todos a la Iglesia, pero quiero tratar de trabajar con todos en lo que hace al fin común.


¿Cuál es la posición actual de la Iglesia con respecto a las devociones populares, o a manifestaciones religiosas que no tienen que ver con la doctrina?

Quizás nos hemos acostumbrado a nuevos íconos que van apareciendo. Antes uno iba por el camino y veía los altarcitos a la Difunta Correa y hoy están los del Gauchito Gil o San La Muerte. Para la Iglesia no todo es lo mismo. No es lo mismo San Cayetano que San la Muerte o la Difunta Correa, de quién sabemos poco de cierto.  Son leyendas, mitos populares, pero que en el fondo tiene valores. Una madre que muere dando vida a su hijo; un gaucho perseguido y renegado que quiere hacer justicia a los pobres, pero que no forman parte del santoral de la Iglesia Católica. Son más bien santos populares, de la devoción de la gente. Nuestra misión como Iglesia es purificar esas realidades encontrando lo bueno que puedan tener y orientándolo a Cristo.

En Jujuy se ha producido un sincretismo religioso muy interesante…

Se trata, pienso, de poder valorar lo que en esas manifestaciones puede ser el camino al Evangelio. Citemos algo cercano a nosotros como la Pachamama. El valor de la tierra, el valor de lo que significa como casa común para todos que debemos cuidar. Son valores que están muy en consonancia con el Evangelio y pueden ser apertura para que nos lleven a Cristo.

Donde hay participación de la Iglesia, en estos casos es porque ciertamente hay elementos que tienen algo de verdad. La Iglesia ha pasado ya por ese período de oscuridad sobre sí misma que pensaba que sólo la Iglesia tiene la verdad, la salvación la absoluta, y afuera nada. El planteo desde el Concilio Vaticano Segundo, pero retomando ideas muy anteriores de los primeros siglos, es que también en las culturas, en los pueblos, hay semillas de verdad. Extraer esas semillas, encontrarlas y llevarlas a su plenitud en Cristo es lo que la Iglesia trata de hacer con todas estas manifestaciones, estos valores ancestrales, culturales que hay en todos los pueblos.

Siempre se ha cuestionado el accionar de la Iglesia en tiempos de la dictadura militar. ¿Qué reflexión hace el Episcopado actual, que es mucho más joven sacerdotes que no eran obispos en aquella época?

Al volver la democracia en el año 83  hasta los 90 aproximadamente, los obispos que vivieron esos momentos en carne propia, que han estado siendo a veces partícipes de tratos con familias que han tenido desaparecidos, han hecho un balance y hacia el año 2000, cuando fue el Jubileo de la Reconciliación, el Papa nos habla a todos, de hacer una purificación de la memoria al empezar el nuevo mileno. Hay muchos documentos de la Iglesia haciendo una mirada muy realista de ese pasado doloroso, donde se reconoce que muchos de sus hijos no obraron conforme al Evangelio en el valor supremo de la justicia, de la verdad, de la vida. Fue dicho de muchas formas y reconociendo que como pastores algunos podían haber tenido una visón distorsionada, equivocada de la realidad. Cuando la Iglesia pidió perdón por las cosas que pudo haber hecho mal, no ha sido suficientemente valorado en su momento. Yo entiendo porque el que está dolorido y alguien le hizo daño, no va a que le pidan perdón. Yo creo que lo mejor sería y ayudaría a la verdad histórica,  sacar eso que está puesto con muy buenas palabras. Se pensó mucho en su momento y se dijo con mucha valentía. Creo que habría que reflotar eso.

Esto saca a la luz nuestras limitaciones, miserias, pecados, torpezas. Lo que sí es que no podemos permitirnos el no aprender de esto.

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