“Más endiablado que jujeño en Carnaval”
El carnaval en Jujuy ya tiene sus aprestos. Desde San Antonio, pasando por toda la Quebrada de Humahuaca, e inclusive el Ramal donde esta festividad tiene sus peculiaridades, se vive de una manera única esta celebración que tiene mucho de arraigo boliviano, europeo, mezclándose con lo autóctono o la natural de cada pueblo.
El carnaval en Jujuy, significa diversión, distracción, algarabía, tentación, y muchas cosas más, porque todo está permitido en estos días de festejos, donde se dejan las puertas abiertas a para que el "pujllay" (diablo del carnaval) entre al corazón de cada uno de los festejantes.
La previa de la celebración comienza con dos acontecimientos muy peculiares, el Jueves de Compadres y el de Comadres, que son esperados por el pueblo jujeño, con mucha ansiedad, porque desde allí se empieza a respirar el olor a albahaca, tan propio del carnaval jujeño.
La ofrenda a la Pachamama, es lo primordial y ya en enero se empiezan a “chayar” los mojones, ceremonia previa que se estila realizar para pedir permiso a la “madre tierra” para abrir sus entrañas y desenterrar al “pujllay” que le dará algarabía a los días de carnaval.
El Jueves de Compadres es la fecha de partida para estas celebraciones, aunque una semana antes ya los “ahijaditos”, empiezan a compartir la serpentina y a despertar las ansias de vivir esta fecha tan especial.
En estos primeros días de enero ya se siente en las peñas del norte, este grito tradicional de “Soltame Carnaval” impuesto por el grupo “Los Tekis” y que da motivo para que se arme la fiesta con ese olor a carnaval.
Pasado el Jueves de Comadres, ya se empieza con el desentierro del diablo en las distintas comparsas en todos los pueblos jujeños. Ya “chayado” o bautizado el “mojón”, lugar donde se llevará a cabo la ceremonia de desentierro del Pujllay, se congregan los integrantes de las comparsas, con sus bandas de música, muchas de las cuales están conformadas por rudimentarios e incansables músicos que con instrumentos de viento y percusión que suenan algo gastado, pero como si fueran una orquestas de primer nivel.
Algunos tienen sus propios ritmos o temas, que hacen más peculiar a la celebración. Otros toman del acervo musical popular sus letras y ritmos, pero todo es dable para bailar y divertirse, no solamente durante el desentierro, sino también en las visitas que se realizarán en esa misma jornada y durante todos los días previos al carnaval grande.
Estas visitas o “paradas” como se la conoce en algunos lugares, son consideradas como “invitaciones” que los padrinos de las comparsas ofrecen. Allí se convidan todos os tipos de bebidas, entre ellas el saratoga, la chicha o la tradicional “vacuna” de carnaval que sirve para despertar la bulla de quien llega a esa humilde casa a compartir de esta festividad. La marcha suele extenderse hasta altas horas de la noche, donde algunos hacen una pausa para luego concurrir a los “fortines” o bailes de carnaval que son organizados por las mismas comparsas, donde el baile es el motivo para el encuentro.