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Martín Gesino, la educación como una forma de reinserción

La educación en el contexto de encierro en personas con condenas, mostró un enorme progreso al aprobarse y ponerse en vigencia la Ley 26.695 del 2011.

Al inaugurarse el presente ciclo lectivo, muchas personas que cumplen condenas en las cárceles federales del país, se interesaron por este nuevo sistema y volvieron a los libros.

El Dr. Martín Gesino es especialista en el tema. Actualmente desempeña funciones en la Defensoría de Ejecución Federal, y en diálogo con Radio2, dejó su punto de vista al respecto, destacando que “El problema se armó en estos días, cuando se inaugura el ciclo lectivo 2012 en los establecimientos penitenciarios federales. Siempre hubo educación en las cárceles, ahora en la aplicación de esta ley se pueden modificar los pasos internos de la progresividad de penas”.

¿Que se quiere lograr con esta nueva ley?

“La idea de todo sistema carcelario, es recibir al delincuente, y entregar una persona capacitada para desempeñarse en la sociedad respetando la ley. Los principios de la ley de ejecución son comprender y respetar la  ley, reinserción social, pero requieren de la comprensión y apoyo de la sociedad y uno de los métodos para lograr esto es la educación”.
 
¿Cómo funciona este sistema?

“Funciona de la siguiente manera: la pena que fija el juez o el tribunal, queda intacta. Si la condena es a cuatro años, queda igual. Esta etapa de la progresividad implica la fase del periodo de libertad condicional. Por ejemplo: en una condena de 4 años, la persona no queda 4 años detenida, sino que a los 2 años 8 meses accede a la  libertad condicional; continúa cumpliendo la pena pero en la calle. El resto de las etapas pueden verse modificadas en virtud del avance  educativo de la persona. Hay toda una escala de lo que se puede ir avanzando, de un mes por cada año de escolaridad, hasta tres meses. El máximo acumulable es de 20 meses, pero esta persona, prácticamente tiene que hacer desde un jardín de infante hasta un doctorado para acceder a esa reducción. Se aplicaría solamente en condenas muy largas y en la medida en que la persona cumpla con todos los estudios y en los avances. No es simplemente terminar la escolaridad y se  le  achica la pena”.

¿Todas las personas con condena pueden acceder a este sistema, o depende el tipo de delitos?

“Igualdad para todos los habitantes, ese es el principio. Hubo reformas legislativas en materia de secuestro extorsivo, en materia de drogas; siempre hubo algún delito en la mira social. Lo que no se puede hacer es discriminar en virtud de determinado tipo de delitos, en lo que tiene que ver con la progresividad de la pena. Pueden y se van a seguir planteando este tipo de penas, pero lo cierto que la constitución establece que somos todos iguales”.

¿Qué tipo de estudios se pueden acceder?

“La escolaridad obligatoria en las mismas condiciones pública y gratuita que para todas las personas está contemplada en esta ley. También están contemplados los estudios terciarios, universitarios  y de capacitación laboral, que son muy frecuentes dentro del ámbito penitenciario. Gente que entra sin ninguna habilidad para ningún tipo de trabajo, accede a los talleres como laborterapia y luego como desempeño laboral cobrando su pequeño sueldito dentro del penal. Se capacitan y si esa capacitación amerita que se le otorgue un título, se trabaja en coordinación con el Ministerio de trabajo o la UOCRA en tema de construcción y albañilería.

¿Hay interés en el estudio por parte de los presidiarios?

“Si muestran interés los presidiarios por el estudio, generalmente en condenas que alcanzan como para cumplir un ciclo de escolaridad, generalmente se inscriben. Cuando salió la ley el año pasado hubo muchísimas consultas sobre este tema. Mucha gente ya estaba estudiando, sin que se le diga que va a tener este beneficio”.

¿Estadísticamente da resultado la capacitación para reinsertarse en la sociedad?

“Si, la capacitación es la base del progreso en la sociedad. Depende mucho del tipo de establecimiento carcelario. Hay algunos que tienen solamente lo básico, pero hay otros como la Unidad de Devoto de la provincia de Buenos Aires, que tienen su propio centro universitario, donde vienen profesores de afuera y la gente se presenta a rendir exámenes dentro del establecimiento. Tiene que ver con la famosa calesita. El detenido que está cumpliendo una condena en una provincia y es trasladado a otro, y a otro, entonces esto dificulta la continuidad. La ley garantiza que aún en caso de traslado, debe garantizarse la continuidad de los estudios, las equivalencias,  y respetar las materias aprobadas”.

Hay casos de internos que salen a estudiar con un escolta. ¿Eesto también se da en el marco de esta ley?

“Si, y esto existe desde siempre. Una de las etapas del cumplimiento de la condena, contempla la salida para trabajar o estudiar. Nos ha pasado el caso de un chico joven, que por una causa federal, tenía que cursar electrónica, estudios bien técnicos, no para cualquiera, y tenía un lapso durante el medio día en que estaba cerrado el instituto, entonces el juez lo autorizó para cursar de 10 a 12 y de 14 a 16. Nos quedaban esas dos horas y no podía emplearlas para volver al penal, reintegrarse y salir porque llegaba tarde. Solucionamos amistosamente y acordamos con el Juzgado, que se quedara a comer en la defensoría. Entonces traía su sandwichito, comía con nosotros, lo vigilábamos durante ese tiempo y volvía a estudiar”.

¿Se tiene en cuenta el bienestar del interno, porque por allí se sienten mal tratado en muchos casos?

“El maltrato desde que uno pisa al sistema penitenciario es permanente. No me refiero solamente al personal penitenciario, sino de la sociedad misma: si está preso algo habrá hecho. Eso lo tenemos enquistado para siempre. Contra eso hay que luchar; esta ley es para el interno como para la sociedad. Fíjese la remisión de leyes educativas que hace esta norma; es para equipararlo a la educación en la sociedad libre”.

Lo importante sería la aceptación de la sociedad ¿Cómo se podría hacer?

“Es muy difícil; es parte también de la educación. A nosotros nos dijeron desde chicos que el delincuente es delincuente, y por algo está. La idea está en quitarlo de la sociedad. Al que delinque hay que apartarlo de la sociedad. La cárcel es eso. Las nuevas cárceles, los nuevos métodos, las nuevas ideas que hay sobre el tema ya  no es tanto ladrillo, sino alambre, la integración, saber que está allí que se le está dando un tratamiento, para tratar de re socializarlo y esperar que esa persona vuelva y sea útil, pero sin la ayuda de la gente es muy difícil conseguir trabajo con un certificado de antecedente sucio”.