La herencia que desvela a Gerardo Morales
Sin duda, la estructura productiva de la provincia está arruinada. Tras dos décadas de desinversión, las condiciones para invertir en Jujuy son poco atractivas para las empresas y los históricos emprendimientos que están radicados en este suelo sufren problemas económicos y financieros.
Ingenio La Esperanza. Arrastra una quiebra desde fines de la década de los noventa. Desde ese momento continuó en funcionamiento bajo una extraña figura judicial, mediante la cual se declaraba en banca rota pero continuaba en producción bajo la administración del estado, en ocasiones en sociedad con algún privado.
Esa forma de gestionar el Ingenio del que dependen 1300 familias, no hizo más que aumentar el pasivo sin invertir un peso en la recapitalización de la fábrica, y llevando a un punto asfixiante su situación financiera. Hoy la deuda es calculada en 1800 millones de pesos.
El gobierno planea expropiar, sanear el ingenio, para cederlo a inversores privados cuando realmente sea un buen negocio en el mercado.
Mina Pirquitas. Es una de las tantas bombas de tiempo que deberemos desactivar, dijo Gerardo Morales en Radio 2. La empresa minera de la que dependían 800 obreros anunció su cierre definitivo, tras haber agotado la fuente de minerales en la puna jujeña.
El primer gran paso en la retirada será en septiembre, donde la mitad de sus trabajadores quedarán en la calle.
La salida se completará en marzo de 2017. El gobierno deberá crear una alternativa para que los trabajadores de Pirquitas no pasen a engrosar los asentamientos de la Capital, en busca de subsistencia.
Monterrico SA., la fábrica de CJ. Se conoció en las últimas horas el pedido de su directorio. La cooperativa que controla la producción del cigarrillo jujeño anticipó que tiene problemas de rentabilidad y por su elevado nivel de endeudamiento, acudieron al auxilio del Estado, agitando siempre el fantasma de la fuente laboral en riesgo.
El frente estatal. El universo de gremios estatales de a poco va poniéndose en pie de guerra. Los representantes de los docentes, afectados por la pérdida de los privilegios económicos que disfrutaban en las épocas de Florencia Gelmetti, sufrieron un ataque de rigurosidad. Revisan cada artículo del estatuto docente y controlan con celo las liquidaciones, para anunciar medidas de fuerza ante cada desprolijidad en la que cae el ministerio, sumido en el desorden que dejó la anterior gestión.
El resto de los empleados públicos por su parte, aguarda la negociación paritaria en el ámbito nacional pero mientras presiona para que el primer anticipo sea equivalente a la dureza con la que la inflación golpeó los bolsillos durante los primeros tres meses del año.
Se trata de las batallas más importantes en las que Morales deberá mostrarse tiempista y ejecutivo, y precisa de la lucidez de su gabinete para salir airoso de cada problema.
Cada día que subsistan, los conflictos ganarán en intensidad y el margen de acción del gobierno se irá achicando.
Por ahora, goza de la paciencia de la ciudadanía y de sus interlocutores, que son conscientes del descalabro heredado, y le permiten afirmarse en la gestión.