Jujuy prohibió por ley el uso de purpurina en las escuelas
La reciente muerte de un niño santiagueño que aspiró purpurina, un material utilizado con frecuencia en las escuelas para la realización de trabajos prácticos, derivó en la preocupación de padres, docentes y directivos de establecimientos escolares del país y la provincia. Recogiendo la inquietud de un vasto sector de la ciudadanía sobre esta problemática que encendió las luces de alarma en las escuelas, la Legislatura jujeña aprobó en su última sesión ordinaria una Ley que prohíbe el uso de purpurina en todos los niveles educativos de la provincia.
Además de prohibir su utilización en las escuelas de todos los niveles educativos de la provincia, la norma establece la obligatoriedad de rotular sus envases con leyendas que adviertan sobre su peligrosidad.
La purpurina es un polvo volátil compuesto por cobre, zinc y distintas estearinas. Por su composición es muy tóxica y actúa directamente sobre los glóbulos rojos, que son los encargados de transportar el oxígeno. Con la intoxicación el hierro cambia de valencia y pasa a llamarse más 3. Dicho cambio imposibilita el transporte del oxígeno y genera su faltante en todo el cuerpo, produciendo lo que se denomina hipoxia progresiva, que se traduce en un compromiso pulmonar conocido como síndrome de distress (neumonía).
La iniciativa fue promovida por los diputados José Antonio Melé y Osvaldo Del Grosso, ambos del bloque del PJ, quienes se hicieron eco del lamentable suceso que se cobró la vida de Mauro López Banega, un niño santiagueño de siete años que inhaló purpurina mientras realizada una tarea en su escuela.
El objetivo y los alcances de este proyecto, que fue convertido por la Legislatura jujeña en Ley 5.856, fueron expuestos por el legislador justicialista Melé, quien al fundamentar los motivos que originaron su redacción señaló que la purpurina es un polvo que puede ser inhalado fácilmente junto con el aire que ingresa por las vías respiratorias y que por ser de tan pequeño tamaño “hace que sin barreras llegue a los bronquiolos y alveolos, agravándose el cuadro cuando ingresa a zonas profundas como los pulmones”.
En tal sentido, mencionó que una vez instalado en ése órgano vital del sistema respiratorio, se produce un efecto que dificulta el normal pasaje del aire a la sangre, “lo que termina afectando a todos los órganos, sobre todo a los que consumen más oxígeno, como el corazón, el cerebro y el riñón.
Profundizó luego en el tema indicando que el síntoma inicial es la tos y parece ser un caso leve, pero a las pocas horas se transforma en algo grave. Aseguró que ante ése cuadro los pacientes requieren una internación y un tratamiento urgentes. El tratamiento incluye la asistencia respiratoria mecánica y el uso de antídotos. “Generalmente la recuperación empieza entre los siete y diez días posteriores y si la asistencia fue oportuna, no deja secuelas, caso contrario podría desembocar en eI fallecimiento del paciente”, ahondó.