El dato más preocupante aparece al observar el ritmo de construcción. Durante 2025, el Instituto Provincial de Vivienda entregó 328 viviendas, una cifra que representa apenas el 1% de la demanda existente.
“A ese ritmo, si no creciera la población, se necesitarían 100 años para poder mitigar el déficit existente”, sostuvo.
El geógrafo y economista urbano Julián Insúa explicó que el problema no puede reducirse simplemente a construir casas. Según señaló, históricamente el Estado utilizó la construcción de viviendas como principal herramienta, pero esa estrategia no alcanza para atender todas las dimensiones del déficit.
En el NOA, además, los indicadores de hacinamiento crítico duplican el promedio nacional. También es mayor la cantidad de hogares donde conviven dos o más familias, mientras persisten problemas relacionados con el acceso al agua potable, cloacas, calidad de los materiales y regularización de la propiedad.
Pero el déficit habitacional no es solamente una cuestión de infraestructura. También tiene consecuencias sociales. Insúa explicó que el hacinamiento afecta especialmente a los niños y que la calidad de la vivienda tiene incidencia directa en aspectos como el rendimiento escolar y la salud.
El especialista también cuestionó la manera en que históricamente se abordó el problema: una política basada casi exclusivamente en entregar viviendas no alcanza. Se necesitan créditos accesibles, suelo urbano con servicios, planificación y diferentes niveles de asistencia para quienes no pueden acceder al mercado hipotecario.
En este punto aparece una de las grandes dificultades de Jujuy: una parte importante de la población trabaja en condiciones de informalidad y queda directamente excluida de los créditos tradicionales.
Además, Insúa advirtió sobre el crecimiento desordenado de las ciudades. Construir viviendas en lugares alejados, sin transporte, servicios o cercanía con escuelas y empleos puede solucionar una necesidad inmediata, pero generar nuevos problemas a futuro.
La discusión, entonces, no debería limitarse a cuántas viviendas entrega el Estado. La verdadera pregunta es qué política habitacional tiene Jujuy para los próximos años y cuánto está dispuesto a invertir para evitar que el déficit siga creciendo.
Porque detrás de las estadísticas hay 25.000 hogares que necesitan una vivienda nueva y miles de familias que esperan una respuesta que, hasta ahora, parece llegar demasiado lentamente.