Inés Peña: “El pacto de sangre y de silencio sigue en vigencia”
Inés Peña reflexiona: “A pesar de la cantidad de militares, guardia cárceles y policías que pasaron por los juicios, nunca dieron indicios de donde está. Es el pacto de sangre y de silencio que sigue en vigencia”.
Inés Peña es hoy junto a sus hijas, una de las activas luchadoras por las causas de delitos de lesa humanidad y a 38 años del último golpe militar, recuerda con resignación aquellos años. “Ha sido un día totalmente nefasto, que marcó un camino de lucha para las víctimas y familiares de personas detenidas en ese momento. De mucho dolor y angustia porque cuando se produce la lectura por la cual comienza el asalto al Poder Constitucional, ese día comenzamos a sentir el miedo. Inclusive a no poder desplazarnos por las calles, que quedaron en manos de policías y de Gendarmería para tomar literalmente los Poderes, el Legislativo, Ejecutivo y Judicial”.
Reconoció Peña que en este golpe hubo distintos sectores de la sociedad que estuvieron involucrados. “Este golpe fue planificado, premeditado y organizado por las fuerzas civiles y empresariales, e inclusive eclesiásticas. A 38 años hay juicios en todo el país, donde se está juzgando la participación civil, algunos jueces que están acusados y las empresas. Inclusive recordemos al sacerdote Christian Federico Von Wernich; hubo ciertos sectores, no toda la iglesia involucrados; estamos hablando de ciertos sectores golpistas que se sumaron a esto. Este semejante golpe atroz no pudo haber sido si no fuera por el apoyo financiero e implícito de la sociedad civil y empresarial”.
Llevada esa situación al contexto actual, donde muchos políticos hablan de “golpes institucionales”, dijo Peña: “Lo que hay que hacer es la diferencia que hoy estamos en un contexto democrático, nos acordemos que cuando fue el golpe se prohibieron y conculcaron las libertados de reunión de expresión, etcétera. Esa fue en la dictadura, pero cuando hablan de golpismo en democracia, se habla de golpe institucional de baja intensidad como dicen. Se habla de que ciertos sectores; nosotros consideramos que cuando la policía se auto acuarteló, fue como un intento golpista de desestabilizar las instituciones. También se habla de golpismo en el sentido de crear las condiciones en estos momentos, deteriorando esta democracia que tanto cuesta construir”.
Peña reflexionó en torno a la desaparición de su marido, afirmando: “Éramos jóvenes con dos hijos y estaba embarazada. Imagínese lo que significó esta tremenda situación de despejo de mi compañero y que mi hija no conocería a su padre; es tremendo. Ha significado sufrir una situación de mantener sola a mis hijos, darles salud, educación, la zozobra de no saber dónde está. Ha sido una etapa totalmente dolorosa para mi familia, porque quería este proceso aniquilarnos totalmente. Por eso es importante que reflexionemos, que no permitamos que esto vuelva a pasar y a medida que pase el tiempo y que tengamos los testimonios de los testigos por las causas de lesa humanidad, nos demos cuenta de que este suplicio, terror, terrorismo, las torturas más imaginables, hicieron con los nuestros. No se pueden admitir desde las condiciones humanas, las torturas tremendas que recibieron los nuestros”.
Reconoció que en su caso hubo un avance en la justicia. “Luego de 37 años de este golpe, se hizo el juicio oral, un juicio justo con garantía para los acusados. Ellos tuvieron la oportunidad de defenderse y tener abogados defensores en un estado democrático y de derecho. Fueron condenados con abrumadora prueba, justamente Rafael Mariano Braga, que lo secuestró y lo hizo desaparecer, y fue condenado a cadena perpetua y cárcel común. Seguiremos la búsqueda de sus restos porque tampoco sabemos dónde está. Nunca dijeron nada”.