Homenaje al maestro de los sonidos y el viento
La obra literaria, poética y musical de Ricardo Vilca trascendió todas las fronteras. El humilde maestro de la Quebrada de Humahuaca, supo pasar las barreras naturales de los pueblos gracias a esa magia de la raza que heredó.
Decía Ana María Lacunza: “Ricardo Vilca es artesano del silencio. Hace de él una materia viva y hábilmente le da formas transfiriéndole sus emociones. A partir de allí, el silencio se torna artesanía sonora que crece en el territorio interior del hombre y taladra en su impenetrabilidad”.
“Artesano del silencio”, que bella definición para un músico que se inspiraba en el paisaje de su tierra, en el viento suave que recorre la puna y la quebrada de Humahuaca para conminarlo con el suave murmullo de las notas musicales y con las pinceladas de los cerros, esos que esculpen al poeta y magnifican al hombre.
Agregaba Lacunza, “Tiene traducido el diálogo intenso de la Quebrada de Humahuaca viva en la savia misteriosa de los antigales, con el Sol y con la Luna. Tiene descubierto el misterio del carnaval que enamora, besa y huye. Ricardo Vilca sabía cómo volcar el denso, oscuro mensaje del silencio en los moldes tubulares de los sikus y las quenas. Sabía cómo amplificar la voz de los ocultos antigales y liberarla sobre las cuerdas de guitarras y charangos”.
Ricardo amaba al silencio, porque era su fuente de inspiración, y de esa mente brillante salieron temas como “Guanuqueando” una bella canción que combina precisamente las notas que descubría en sus instrumentos de viento y el hombre que lo ejecutaba: “Venteros de labios quebrados / zampoñas y quenas sonando/ Antiguos respiros en la boca / besos, besos de mi raza”.
También supo hacerse de amigos, es más se presentaba en los escenarios como “Ricardo Vilca y sus Amigos”, porque quienes lo acompañaban eran los changos que pasaban por su casa de calle Independencia, en la histórica ciudad de Humahuaca.
El que transitaba por allí con sus instrumentos a cuestas, recibía la admiración y los consejos del maestro, y muchas veces lo invitaba a pasar a su casa y compartir su música. Era su simpleza la que brillaba en el bar de su propia casa, donde ofrecía cálidos espectáculos.
Tenía en “don” de saber explicar cada tema que componía y que cantaba, con esa magia y espíritu del maestro quebradeño, y así se ganaba el respeto y la admiración de su público, al cual también llevaba con sus anécdotas y recuerdos de su niñez.
En su álbum “Majada de sueños”, transmitió la simpleza de los niños que jugaban en las calles de su Humahuaca natal, del “coplerito” que con su humildad e inocencia, todavía se acerca al turista con sus versos y sus historias.
Era maestro rural, oficio que ejerció por más de 16 años y que combinó con la música y la creación poética. Siempre diría que la materia prima de sus obras la obtuvo de esa experiencia como docente.
En su biografía, dicen que “es reconocido en su zona como animador del rescate artístico; en 1983 la UNESCO lo premió por su contribución cultural a la Quebrada. Su arte logra captar la admiración de varios artistas reconocidos como León Gieco, quien le puso letra a temas como "Plegarias de Sikus y Campanas" y "Rey de las Nubes", y de Ricardo Mollo de Divididos, que lo invita a participar del disco "Vengo del Placard de Otro" de 2002, aportando su arte con el tema "Ganuqueando", con el que obtuvo el reconocimiento fuera de los límites de su provincia natal.
En el año 2007, a los 53 abriles de edad, Ricardo Vilca deja la vida mortal, un silencio en la Quebrada y un legado de canciones impresas en el recuerdo.
Aunque su discografía es corta, su aporte cultural es inmenso. Los otros discos de Vilca son: "Sueños de Mi Tierra" (1989), "La Magia de Mi Raza" (1993), "Nuevo Día" (1998) y "Recital en Vivo" (2003)

