Fracaso fellnerista en el desarrollo de la economía jujeña, pese a la “década ganada”
Con un Estado colapsado por la planta de empleados públicos y trabajadores precarizados que fueron multiplicándose como producto de las urgencias electorales de turno, la necesidad de emprendimientos productivos que generen riqueza de verdad y reactiven el sector privado, es imperiosa.
Sin embargo, en la localidad de El Piquete, ubicada en el departamento Santa Bárbara, a 60 kilómetros de la capital, la ex fábrica de jugo concentrado y aceite de limón Citrinor, es el reflejo más claro de la desidia con la que concibe al sector productivo un gobierno que aún hoy, se contenta con pagar al día los sueldos de los empleados públicos.
La fábrica representó desde la década del ‘70 hasta finales de los ‘90 el corazón de un pueblo inmerso en una zona productiva. Su cierre, además de dejar en la calle a un centenar de trabajadores, clausuró uno de los motores de progreso para una localidad, cuya gente, como si fuera un reflejo de la provincia, empezó a depender del Estado municipal para mejorar su suerte.
Pasó toda la década ganada y con ella los años en donde ingresó a la provincia la mayor cantidad de dinero en sus 200 años de historia, proveniente desde el gobierno nacional, como el propio Eduardo Fellner reconoce.
Sin embargo, nada de esto sirvió para al menos intentar una reactivación productiva en la zona.
Hoy, la penosa escena de las instalaciones en ruinas es el ejemplo más claro del fracaso de una gestión que por años ha sobrevivido con fondos prestados, sin ideas propias ni impronta local.
Recuperar Citrinor era optar por la producción; Fellner eligió el clientelismo y el resultado está a la vista.