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“Fieles Difuntos”, una tradición muy arraigada en la cultura andina

Es una de las más significativas tradiciones milenarias, en las cuales se entremezclan creencias y cultos cristianos con la cultura andina. La coplera Candelaria Cari brindó su testimonio. Escuchá la nota.

Candelaria Cari es hermana de Ernestina y juntas forman el dúo coplero de mayor prestigio en la provincia: “Las Hermanas Cari”. Candelaria hizo referencia a los rituales en torno al Día de los Fieles Difuntos, tan arraigados en su cultura andina.

“Seguimos la cultura que nos dejaron nuestros padres. Desde pequeñas veíamos que la mamá hacía esto. Mis padres decían que era una tradición que habían adquirido de mis abuelos” relata Candelaria Cari.

La coplera explica que las ofrendas se hacen en homenaje a las almas, “a los espíritus a las que Dios les da el permiso para que bajen”.

Cari describe a Jujuy al Momento la creencia en torno a este día: “Las almas bajan en fila con los brazos cruzados, con una capucha blanca. Enfilan por un cerro y se distribuyen de acuerdo al lugar donde las esperan… y cuando no las esperan, ellas lloran”.

Las comidas, ofrenda que se le brinda al fiel difunto, se refieren a los alimentos que tradicionalmente las almas comían mientras estaban en vida.

“Nosotros lo preparamos para que ellas asuman la fragancia y ellas lo olfatean significando la satisfacción del apetito”, dice la coplera.

La hermana Cari cuenta que durante los primeros minutos del inicio del mes de noviembre se comienza con el tendido de la mesa. “Se prepara la mesa y se tiende el luto, porque eso nos da el significado de que hubo fallecidos en el hogar”, narra Cari.

Una vez colocado el luto, se ubican las cruces y las tortas con el nombre de las personas a las cuales se invita para presenciar el día.

Además, se elabora una torta especial para todos los amigos y conocidos, "para que también vengan, por si no tienen un lugar donde bajar esas almas solitarias”.

También en la mesa se colocan dos velas, el recuerdo de cuando las almas fueron veladas a la hora de su muerte, y además se sitúan las coronas, que luego serán depositadas en el cementerio.

Asimismo, se coloca agua bendita, golosinas y frutas, que las almas sabían gustar en vida.

El ritual es acompañado con oraciones a las almas, el rosario y la realización del canto de las mismas. Luego, se visitan otras casas y se reza por el fiel difunto.

La noche termina con juegos y anécdotas de las almas. "A las 6 de la mañana del otro día algunos regresan a sus viviendas y otros se dirigen a la casa del primer año de aniversario, donde se encuentra la calapurca, una sopa con una piedra candente que calienta el plato", continua relatando la coplera.

La creencia andina indica que el 2 de noviembre se comparten, junto con las almas y con todas las personas que visiten la morada donde se realiza la celebración, los alimentos favoritos del difunto, que serán saboreados después de las 14.

“Para mí este culto es bueno porque nos ocupamos una vez en el año de acordarnos en la familia. Nosotros siempre ponemos para las almas olvidadas. Por ejemplo, mi hermana hizo una torta para Kirchner, yo hice para Alfonsín y Evita. Yo sé que mi papá viene todos los años” afirma Candelaria.