El pueblo jujeño evocó la gesta del Éxodo
En la punta del parque San Martín, desde temprano comenzaron a congregarse las agrupaciones gauchas, cuyos integrantes para esta fecha, se calzan el mejor traje, ensillan sus caballos y se suman a los festejos de una gesta de los jujeños.
Niños, mayores, las mascotas, todos prolijamente vestidos con trajes de la época y algunas carretas le dieron vida a este éxodo que tomó rumbo hacia el sur desde el extremo norte del Parque San Martín, para desfilar frente al palco ubicado en el puente Gorriti, donde le intendente Raúl “Chuli” Jorge, recibió como invitado de honor, al jefe de Gobierno porteño Mauricio Macri.
La historia nos cuenta que Belgrano al hacerse cargo del Ejército del Norte lo obtuvo por el simple motivo de que ese ejército, estaba en ruinas. Hombres desarmados desharrapados y mal alimentados, en total eran cerca de mil quinientos soldados de los cuales un tercio estaban heridos o enfermos. Pero eso no era todo; sólo le quedaban 600 fusiles con 25 balas cada uno.
Ante la inminencia del avance de un poderoso ejército español desde el norte al mando de Pío Tristán, el 29 de julio de 1812 Belgrano emite un bando disponiendo la retirada general ante el avance de los enemigos. La orden de Belgrano era contundente: había que dejarle a los godos la tierra arrasada: ni casas, ni alimentos, ni animales de transporte, ni objetos de hierro, ni efectos mercantiles.
Belgrano no confiaba en la “gente adinerada”, más bien los oligarcas. Al no poder hacer ningún tipo de negocios por el gran avance que ya habían hecho los españoles el general les dejó dos alternativas: o acataban las ordenes de quemar todo y se sumaban al éxodo o los fusilaba; es muy claro que lo segundo no eligieron. El resto de la población obedeció como correspondía.
Belgrano dijo al pueblo jujeño: "Desde que puse el pie en vuestro suelo para hacerme cargo de vuestra defensa, os he hablado con verdad (...) Llegó pues la época en que manifestéis vuestro heroísmo y de que vengáis a reuniros al ejército a mi mando, si como aseguráis queréis ser libres".
Aquel impresionante operativo comenzó a principios de agosto de 1812. La gente llevaba todo lo que podía ser transportado en carretas, mulas y caballos. Se cargaron muebles y enseres y se arreó el ganado. Los incendios devoraron las cosechas y en las calles de la ciudad ardieron los objetos que no podían ser transportados. Sólo quedaron desolación y desierto.
Los voluntarios de Díaz Vélez, que habían ido a Humahuaca a vigilar la entrada de Tristán y habían vuelto con la noticia de la inminente invasión, fueron los encargados de cuidar la retaguardia. El repliegue se hizo en tiempo récord. Así el pueblo jujeño y parte del de Salta que se iba sumando en el camino, llegaron a Tucumán en el “equinoccio de la primavera”.
Esa es la interpretación que hoy le sigue dando el pueblo jujeño al éxodo, el sacrificio de dejar todo por el bien de la patria, por la libertad de los argentinos.
Este año también se realizó la tradicional quema simbólica, en los escenarios naturales del Rio Xibi Xibi, donde prolijamente se construyeron los ranchos de paja entre los puentes Lavalle y Gorriti.