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El Da Vinci de Plinio Zabala

Según la publicación del Diario El Tribuno de Salta , del 16 de febrero del 2011,  la pintura del maestro Leonardo Da Vinci, que pertenecía a la colección de don Plinio Zabala,  fue adquirida por un coleccionista salteño en 1990.

Cesar O'Shee, el anticuario salteño, al estudiarla comenzó a hacer extraordinarios hallazgos.

El relato que transcribe el diario de la vecina provincia, resalta: “Si las sospechas y evidencias que el coleccionista de arte salteño César O’Shee ha venido acumulando a través de dos décadas de estudio, en el sentido de que un cuadro renacentista que adquirió al azar en 1990, es una obra perdida del misterioso polímata florentino Leonardo Di Ser Piero Da Vinci -autor de la enigmática Gioconda y de la Ultima Cena-, se estaría en condiciones de afirmar que en Salta se halla uno de los tesoros pictóricos más valiosos de la humanidad.

El cuadro, una pequeña escena de 0,23 x 0,29 metros, muestra una escena cálida: un Papa arrodillado frente a la Virgen María y el Niño Jesús y un joven armado de una lanza, cuyo rostro parece ser el vivo autorretrato de Leonardo joven.

Sin embargo, y si con tecnología actual, se acercan los planos y se escudriña en la profundidad de la pintura, comienzan a aparecer decenas de imágenes que el ojo humano no puede captar a simple vista: Cristo Crucificado, el rostro de Jesús impreso en el Santo Sudario, una serpiente envolviendo el cuello y tórax del Pontífice y unos cuernos mefistofélicos emergiendo de la frente del dignatario.

Pero eso no es todo lo que se puede observar en la pequeña creación renacentista: si con elementos ópticos de alta definición se prosiguen realizando tareas de aumento, queda claro que la obra en su conjunto es una sucesión inmensa, prolija y coordinada de micromanuscritos de extraños caracteres, similares a los que conforman el nunca descifrado “Manuscrito Voynich”, un libro que nadie ha podido descodificar, que ha sido atribuido a Da Vinci y que parece ser un estudio de botánica, ingeniería y medicina, de acuerdo a las imágenes que acompañan sus páginas.

“Todo comenzó cuando una familia de Jujuy me ofreció, en 1990, un ‘paquete’ de obras heredadas y que habían formado parte de la colección de Plinio Zabala, un rico terrateniente. El cuadro me subyugó siempre y jamás dejaba de mirarlo. Algo me atraía hacia él, hasta que de pronto comencé a hallar que tras la escena principal se habían desarrollado otras, decenas, quizás centenas o miles, y que la profundidad de sus trazos parecían ser letras de un alfabeto desconocido”, comentó O’Shee. El entusiasmado coleccionista agregó que dos hechos posteriores produjeron un cambio fundamental en su vida: “Años más tarde vino a Salta un experto chileno, Sigfrido Baxa, del Museo de Bellas Artes de ese país, a quien le mostré el cuadro. El lo miró, tembló, trajo lentes poderosos, tomó fotos y tras un tiempo se comunicó conmigo. Lo que me dijo me conmovió: ‘No me crea loco, pero parece un Da Vinci legítimo’”.

El Manuscrito Voynich, atribuido a Da Vinci, es un libro que nadie ha podido descifrar, ya que se trata de una sucesión de caracteres desconocidos ordenados inequívocamente como una escritura, con imágenes que dan la impresión de que se trata de un tratado que comprende temas relacionados a ingeniería, química, botánica, arte y matemáticas.

Se denomina “Manuscrito Voynich” porque en 1912, en una casa de antigüedades de Italia, un anticuario norteamericano de ese apellido adquirió el ejemplar, le hizo copias y las envió a diversos especialistas para que lo decodificaran. Nadie ha podido.

Sólo se ha logrado, recientemente, en la Universidad de Arizona, establecer que las tintas y el papel datan del siglo XV. Otro misterio en torno a Da Vinci, que como ingeniero e inventor desarrolló ideas muy adelantadas a su tiempo, tales como el helicóptero, el carro de combate, el submarino y el automóvil.

César O’Shee, luego de las sospechas sobre la posibilidad de tener en su poder un original de Da Vinci, que sería el único -de la exigua pero fenomenal producción del maestro florentino- en poder de un particular, con ayuda de especialistas, siguió buceando en las profundidades de la pintura hasta que, en uno de sus segmentos, halló la firma del autor.

“Es la misma (ver reproducción al pie) que figura en sus restantes obras, pero al revés. Se lee de derecha a izquierda y con claridad meridiana, en italiano ‘Io Leonardo...’. La pregunta es: ¿por qué está invertida? ¿No es otro de los miles de mensajes que encierra este trabajo del que -no tengo dudas- es mucho más que un cuadro sino un conjunto que encierra un código...El ‘Código Da Vinci’”.

El poseedor del pequeño pero enigmático cuadro, con ayuda de amistades -que no quieren ser mencionadas en el proceso investigativo, pero se trata de personas vastamente conocidas en los ámbitos culturales nacionales y locales-, tomó unas muestras de los pigmentos y las envió a Estados Unidos. Allí las analizó la empresa especializada en investigaciones microscópicas “Mac Crone  Associates  Incorporation”, cuyo “senior research”, Joseph Barabe, remitió en 2007 los certificados que acreditan la fecha de la pintura: entre 1450 y 1490.

“Quedamos atónitos porque para ese entonces habíamos logrado aislar una cifra que parecía ilegible, ubicada debajo de la firma inversa: 6841, que al revés indicaría el año 1486, que coincide a la perfección con la fecha de mayor producción de Leonardo, que en esa época tenía 34 años, ya que nació en 1452.

O’Shee dijo que, tras ese último descubrimiento, decidió guardar la obra en la caja de seguridad de un banco local. Y recordó que casi paralelamente recibió una llamada despachada desde un teléfono con prefijo italiano.

“Un hombre que hablaba perfectamente bien el castellano, pero que poseía acento peninsular, me saludó cortésmente, no se identificó pero habló en primera persona del plural. Es decir, siempre se refirió utilizando el pronombre ‘nosotros’. Y me expresó sin ambages: ‘Signore O’Shee, estamos en conocimiento de la obra que está en su poder. Nos interesaría adquirirla ¿le ha puesto precio?, ¿tiene precio?’. Me quedé perplejo: estaba recibiendo desde el otro lado del mundo una llamada rarísima. Le respondí: no, no tiene precio, a lo que me retrucó: ‘piénselo, ya nos comunicaremos con Ud, signore’”.

Fuentehttp://www.taringa.net/posts/arte/9277530/una-pintura-originalde-Leonardo-da-Vinci-en-salta-argentina_.html