Jujuy | Jujuy

El Chañi vivió sus fiestas patronales

El último fin de semana, los cerros y quebradas fueron testigos del peregrinar de  los fieles que caminaron hacia el paraje de Ovejería, El Chañi, a renovar sus votos  a la mamita Virgen de los Dolores.

Las salvas con bombas, hicieron la apertura de una hermosa jornada que convocó a los devotos y vecinos de zonas aledañas de alta montaña, para honrar a la patrona del lugar. La comunidad de Ovejería se encuentra casi a 4000 metros sobre el nivel del mar

A media mañana comenzó el acto protocolar con el izamiento de la enseña patria y la entonación de las estrofas del Himno Nacional Argentino.

La celebración de la palabra en conmemoración  a la festividad patronal, fue presidida por el Cura Párroco Marcelo Churquina. Concluida la celebración religiosa, se cumplió con la procesión alrededor de la capilla del lugar. En la misma se sumaron feligreses, autoridades locales, encabezadas por el presidente de la Comisión Municipal de Yala, doctor Facundo Vargas Durán y miembros de ese  municipio.

Al medio día se compartió un almuerzo comunitario con todos los asistentes; cordero al horno acompañado de papa andina y una rica sopa casera con charqui. De postre se invitó anchi y chicha de maíz.

Cuando el sol ofrecía sus últimos rayos, comenzó el regreso, quedando las huellas por el sendero recorrido, como única prueba de tan grande devoción y fe.

“Nuestro acompañamiento es pleno y sincero, y vence todos los tiempos, inclusive las épocas electorales, las que comúnmente utilizan aquellos a los que solo les preocupa el voto de la gente, pero no resolver sus necesidades. Ahora que se avecinan las elecciones hay quienes recién se acuerdan de que hay necesidades para atender y empiezan a caminar; en cambio nosotros estamos siempre”, manifestó Vargas Durán.

Ovejería es un paraje que se encuentra inserto en la parte media del Cerro El Chañi, ubicado a dieciséis horas de lomo de mula hacia el oeste de la localidad de León. Es la única forma de acceder allí, en donde viven alrededor de treinta familias que se dedican a la cría de ganado menor y a la producción agrícola de subsistencia. Para llegar a ese lugar se recorren senderos que atraviesan quebradas, desfiladeros, en algunos casos con pendientes pronunciadas y rodeados de un paisaje indescriptible por su particular belleza, custodiados por el cóndor, quien desde las alturas vigila sigilosamente ese territorio.