Descontrol y violencia en el Penal de Gorriti
El pasado viernes, tras un confuso episodio, un agente de la institución provincial salvó su vida de milagro, luego de sufrir un ataque con arma blanca, presuntamente perpetrado por un interno.
El oficial sufrió dos puntazos profundos en la espalda, que no llegaron a perforar los pulmones, ni otros órganos capaces de comprometer su vida.
Como suele suceder, las autoridades de la institución no emitieron pronunciamiento público alguno para explicar lo ocurrido.
El grave hecho se inscribe en un larga cadena de episodios que involucran a la Penitenciaría Provincial, en donde abundan denuncias por narcotráfico, muertes dudosas y se observa un notorio descontrol durante las visitas de los familiares a los internos.
Según relatan quienes conocen el funcionamiento del Penal de Gorriti, la cárcel provincial está colapsada. Hay una clara superpoblación de internos, al punto que muchos delincuentes procesados por la Justicia permanecen hacinados en las comisarías, puesto que el viejo edificio de calle Gorriti no da para más.
Además, las continuas denuncias por tráfico de drogas y otros delitos que se cometen dentro del mismo penal, dividen al personal que allí trabaja.
Según fuentes confiables, habría dentro de la institución una clara división entre bandos conformados por los mismos policías carcelarios.
Una de las facciones sostendría un aceitado manejo de todas las irregularidades que se producen hacia adentro del penal y garantizaría impunidad para quienes forman parte del viciado “sistema”, mientras que otro grupo se mantiene al margen de los hechos delictivos, aunque soporta cada vez menos el accionar de sus pares.
Todo esto, en un contexto de carencias que sufre el personal, desbordado por la cantidad de internos, limitado por la falta de elementos de protección, que los exponen al ataque de los presos.

