Política

¿Hacia dónde va la democracia?

Es una pregunta que muchos nos hacemos en medio de un escenario complejo y, a veces, desesperanzador. La realidad nos muestra que, cuando las instituciones y sus líderes se sienten impotentes para enfrentar los fenómenos que afectan a nuestras comunidades, tienden a optar por la invisibilidad o, peor aún, por la radicalización.

¿Hacia dónde va la democracia?

Estas respuestas no resuelven los problemas, sino que muchas veces los agravan, perpetuando ciclos de intolerancia, violencia y exclusión.

En Jujuy, observamos como las máximas autoridades parecen avanzar omitiendo o minimizando situaciones graves, como la creciente violencia doméstica y la trágica penetración de la droga en nuestras calles. La indiferencia ante el sufrimiento de quienes padecen a diario no solo refleja una crisis de gestión, sino también una crisis de valores y de compromiso con nuestra gente. Tal es así que ayer mientras los familiares de la joven Tamara Fierro esperaban la entrega en la morgue de San Pedro los restos de su hija brutalmente asesinada el gobernador Sadir visitaba simultáneamente San Pedro y las fotos lo mostraban a los abrazos y a las risotadas con intendentes convocados por Julio Bravo intendente de esa ciudad para discutir aspectos de la Ley de Coparticipación en medio del duelo y del dolor en toda la región por la muerte de la joven.

La preocupación es grande. De nuevo: ¿hacia dónde va la democracia?

La democracia verdadera se sostiene en la participación activa, en la justicia social y en la voluntad colectiva de construir una sociedad más justa, equitativa y con sentido de la solidaridad.

Pero además, la incapacidad para resolver problemas se convierte en un fenómeno generalizado, aparecen los síntomas del autoritarismo y llega la represión como ocurrió en la noche de ayer en Fraile Pintado y aparecen las respuestas de siempre: la culpa la tiene el “otro". Cuando esto pasa es un síntoma de la democracia está en riesgo de debilitamiento y perdiendo su esencia.

Es fundamental que reflexionemos, solo así podremos frenar que la impotencia y la confusión nos lleven por caminos peligrosos. La historia nos enseña que la democracia florece cuando la sociedad, en conjunto, lucha por sus derechos, por su dignidad y por un futuro mejor.

Es hora de despertar y de recuperar el verdadero sentido de la democracia, que no es solo votar cada tanto, sino estar presentes, denunciar, construir puentes y, sobre todo, buscar soluciones que nos unan en un compromiso colectivo por la justicia y el bien común.