Google está muerto. Y no, no es una metáfora
Por momentos siento que escribir esto es como hablar mal de un ex que en el fondo querés que se recupere. Pero no lo está haciendo. Y todos lo estamos viendo.
Antes Google era una herramienta.
Ahora parece un reality show de links mal curados, banners que gritan y respuestas que no responden.
Buscabas algo y te daba algo útil.
Hoy buscás “cómo pedir un turno odontológico en Alto Comedero” y el resultado es un blog que habla de los beneficios del cepillado mientras intenta venderte criptomonedas y un curso de uñas esculpidas.
No es exageración. Es miércoles.
Y mientras trato de hilar este texto, me distraigo buscando en otra pestaña cómo se llama esa IA nueva que te responde todo sin dejarte espacio para pensar.
Después vuelvo.
Y me doy cuenta de algo:
Ya no buscamos como antes. Ya no creemos como antes.
Ya no encontramos como antes.
Las búsquedas dejaron de ser una solución. Ahora son un laberinto.
A ver, ¿qué buscabas vos antes?
Un horario. Una dirección. Una receta. Una respuesta puntual.
Y la encontrabas. Con suerte, en el primer link. Con magia, en un blog de alguien que escribía por amor al contenido.
Hoy en día, lo que encontrás es:
- 5 publicidades que no te importan
- “Notas SEO” que responden a robots, no a personas.
- Contenido reciclado en modo Frankenstein digital.
- Videos de 9 minutos que podrían haber sido una oración.
- Y una IA que redacta cosas útiles pero genéricas, como si todo te lo dijera un profesor de coaching con voz de WhatsApp acelerado.
Mientras tanto, vos ahí.
Con tu duda simple.
Y una sensación extraña: esto ya no me sirve.
¿Y ahora qué hacemos? ¿Nos resignamos?
La respuesta corta es: no.
La larga es: buscamos otra forma de buscar.
A veces es con bots que entienden el contexto.
Otras veces es preguntándole a una IA que, aunque no sea perfecta, al menos no te hace abrir 6 pestañas y 3 captchas para saber si un local abre los sábados.
La información sigue existiendo.
Lo que cambió fue el camino.
La gente no busca menos. Busca distinto.
Antes buscábamos en Google “dolor de panza” y salíamos con la idea de que era cáncer o simplemente hambre.
Hoy le preguntás a GPT y te dice que probablemente es trauma no procesado, soledad mal gestionada y que deberías ir a terapia (o dormir más).
Y en el medio, aparece Gemini flotando sobre los resultados orgánicos, metido entre los ads como quien no quiere la cosa.
Sirve para una búsqueda rápida.
Pero no para sostener con vida al algoritmo que alguna vez supo ser rey del contenido valioso.
La muerte del buscador como lo conocíamos
No lo mató ChatGPT.
Ni TikTok.
Ni los millennials ni la Gen Z.
Lo mató su propio modelo de negocio: ese que prioriza clics sobre utilidad, scrolls sobre respuestas, optimización sobre contenido.
Google hoy es como ese amigo que antes te escuchaba, pero ahora solo espera a que termines de hablar para venderte algo.
Nosotros no matamos a Google. Solo lo vimos apagarse.
Se enterró solo entre sus propias cookies y actualizaciones que no ayudaban a nadie.
Lo sentimos, Google. Nos diste mucho. Pero hace rato que dejamos de encontrarte.
Por Ivi Nazareno
Ivi es periodista especializada en IA Aplicada, y en cómo esta tecnología puede generar un impacto positivo en la sociedad.
Desde Fluxia Group lleva adelante proyectos de Agentes y chatbots basados en Inteligencia Artificial para empresas , buscando que sí brinden la información que los usuarios están buscando, en forma cálida, clara y humana, sin ruido innecesario.