Gallardo se despidió de River con una goleada al Betis
- El "muñeco" se va con 14 títulos y repleto de gloria.
- Los hinchas le volverán a agradecer el 9 de diciembre, cuando su estatua pase a custodiar para siempre las puertas del Museo.
En el lobby del hotel de River en Mendoza los utileros preparan todo para salir rumbo al Malvinas y luego enfilar para Buenos Aires. No solo cargan valijas con indumentaria: llevan, también, decenas de cuadros con pinturas y fotos de Marcelo Gallardo, algunas cajas de vino. Ofrendas para quien ya es poco menos de una divinidad y que a partir de ahora pasa de entrenador de River a leyenda de River. El traspaso golpea. A los hinchas que se agolparon en ese cinco estrellas para verlo de cerca por última vez y a los que unas horas después coparon el estadio para ovacionarlo. A los jugadores que sienten que se les va una parte de ellos mismos. A todos sus colaboradores. Y a Gallardo, especialmente: la cara del Muñeco durante todo este domingo fue la del dolor dulce de las despedidas. Casi paralizado por la emoción, MG agradece, aguanta las lágrimas cuando Zuculini se cruza toda la cancha para dedicarle el mejor gol de su carrera y llama al resto del equipo para abrazar a este papá-entrenador.
Aplaude Gallardo, también. Aplaude a un Pinola condecorado en su último partido, antes de que el defensor sea uno de los que asuma el desafío descomunal de reemplazarlo. Aplaude a sus hermanos, Matías Biscay y Hernán Buján, que también son merecidamente distinguidos antes de que empiece el partido. Aplaude a su equipo, que le regala una victoria con el sello de su ciclo.
Contra un Betis que aún sin mundialistas como Pezzella y Guido Rodríguez presentó a todas las figuras con las que ganó la Copa del Rey y con las que pelea alto en Europa desde hace tiempo. No intimidaron a este River: Fekir y Borja Iglesias poco pudieron hacer ante el ovacionado Pinola y González Pirez, tampoco ante un reconocido Centurión que sigue demostrando la sucesión de Armani, cuando llegue, no debiera ser tan traumática. Zuculini como interior volvió a ser ese volante con gol que promete ser importante para lo que viene y que es una mejor versión respecto a la de volante central. Borja y Solari también llevan el logo de 2023 estampados en sus camisetas, igual que un Beltrán que también entró con gol.
Habrá tomado nota Martín Demichelis en la noche de Munich con su casa plagada de valijas: esta misma semana será anunciado como el técnico que deberá empezar a trabajar a la sombra de un Gallardo que, en tal caso, ya le puso un toldo al sol. Y es que el tipo, ya está todo dicho, cambió la historia de River y del fútbol argentino para siempre. Antes del Muñeco, estos amistosos fuera de temporada se jugaban contra Boca. Ya no. “Creímos y alcanzamos la gloria eterna” dice una bandera que aparece en el segundo tiempo frente a quien ya es mucho menos un deté que un superhéroe.
Los hinchas le volverán a agradecer el 9 de diciembre, cuando su estatua pase a custodiar para siempre las puertas de ese Museo que él y su equipo reventaron a títulos y trofeos. Ahora no hay nada más que esto. Y nada menos. Cuando Loustau pitó el final del partido, la pantalla se puso negra y se leyó “the end”. Aunque para la leyenda que ya es Gallardo, esto recién empieza.
Fuente: Diario Olé