- El "muñeco" se va con 14 títulos y repleto de gloria.
- Los hinchas le volverán a agradecer el 9 de diciembre, cuando su estatua pase a custodiar para siempre las puertas del Museo.
En el lobby del hotel de River en Mendoza los utileros preparan todo para salir rumbo al Malvinas y luego enfilar para Buenos Aires. No solo cargan valijas con indumentaria: llevan, también, decenas de cuadros con pinturas y fotos de Marcelo Gallardo, algunas cajas de vino. Ofrendas para quien ya es poco menos de una divinidad y que a partir de ahora pasa de entrenador de River a leyenda de River. El traspaso golpea. A los hinchas que se agolparon en ese cinco estrellas para verlo de cerca por última vez y a los que unas horas después coparon el estadio para ovacionarlo. A los jugadores que sienten que se les va una parte de ellos mismos. A todos sus colaboradores. Y a Gallardo, especialmente: la cara del Muñeco durante todo este domingo fue la del dolor dulce de las despedidas. Casi paralizado por la emoción, MG agradece, aguanta las lágrimas cuando Zuculini se cruza toda la cancha para dedicarle el mejor gol de su carrera y llama al resto del equipo para abrazar a este papá-entrenador.

