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¡Cuidado… parece que volvió la naranja mecánica!

¡Ah, que clima loco aquí en la ciudad de Salvador! Es que la lluvia por un momento me hizo pensar que complicaría este partido entre España y Holanda.

Antes del  gran choque, esperé guarecido en un pequeño bar en donde tenían encendido un televisor de “los grandotes”, eso me permitió ver la victoria de México por 1 a 0 ante Camerún.

Cómo es el tiempo ¿verdad?  Viendo el notorio triunfo de los mexicanos, me acordaba del dolor de cabeza que nos causaron los africanos con aquel gol de Omam- Biyik en Italia 90.

Pero claro, el tiempo pasó y en esta versión quedó claro que México ganó ajustadamente en el marcador pero holgadamente por los méritos hechos durante la contienda, con gol de Oribe Peralta.

No bien terminó el partido me fui raudamente para meterme en el imponente estadio “Arena Fonte Nova”. El encuentro – se sabía- era prometedor, recordadno aquella final en Sudáfrica 2010, que coronó al último campeón España ante el conjunto de Van Gaal.

Yo quería ver a Iniesta y su estrategia mental, frente a Sneijder, aunque más tarde Van Persie y Rooben,  me dejarían  absolutamente impactado. Ahí me ponía atento para mirar la maniobra de ambos jugadores, pero empecé a notar la rígida estructura de Holanda, que más que “la naranja mecánica” que honró un fenómeno como Johan Cruyff en los años 70, me parecía ver “ el limón agrio” de la Holanda de Van Gaal.

Por eso había que esperar que España jugara a lo Barcelona,  con la mejor gracia que distinguió al renombrado equipo Culé. Hasta que el primer cuarto de equilibrio pasó, y los españoles – a pesar de la reprobación cuando tocaba el brasileño Diego Costa - que ofendió a su pueblo sólo por nacionalizarse ciudadano español- desequilibró con otro “insípido” penal otorgado por el árbitro italiano Nicola Rizzoli.  Nuevamente el arbitraje emanaba ese “tufo” brasileño del día anterior y Xabi Alonso canjeó el regalo por gol.

Holanda – sabiéndose perdedor – adelantó un “poquitito” sus líneas y nos regaló un gol con definición “de palomita” de Van Persie, con vuelo magistral para poner “de la cabeza” también a los hinchas naranjas. Un gol a lo  Aldo Pedro Poy de Rosario Central ante “Newells”, con sabor a potrero universal.

Así como terminó, Holanda arrancó el segundo tiempo.  Fue el momento de  Robben, quién hipnotizó una pelota en el área, para luego enganchar y definir, estableciendo la electrizante y transitoria ventaja 2 a 1 para su equipo.

Holanda despertaba y ya metía miedo con un disparo en el travesaño, que en realidad, fue un preanuncio de la “naranja mecánica” yendo,  con cambio de mentalidad a buscar el arco español. Fue así que, que con un gol de pizarrón  más  una falta que no vio el árbitro) De Vrij entrando por el segundo palo, embocaba el tercer  gol que estremecía a todo el equipo holandés.

Partido trepidante el que brindaban los protagonistas,   en el que reaparecieron la mística de los holandeses. Ni hablar cuando el arquero Casillas se mandó una “changuita” que le permitió a nuevamente a Van Persie poner el tremendo 4 a 1.

A esa altura llovía y la cancha le jugaba una mala pasada al golero español. Con decirles que yo miraba el partido, pero de vez en cuando “pispeaba” una hermosa rubia holandesa, aunque el partido y la lluvia me atraían más que mi instinto masculino. Holanda daba  ya la primera cátedra del mundial.

Pero faltaba un poquito más, con la lápida que le puso Rooben al último campeón del mundo, en una jugada de “Play station”. El 5 a 1, obviaba cualquier comentario u opinión,  por lo que nos cerraban la boca a los que en un principio dudábamos de “La naranja” de aquel engañoso y obsoleto primer capítulo.

Ya ni la rubia de atractivas curvas de la hinchada holandesa me importaba,   con tremenda exposición  futbolística que pasará a la historia ya que las estadísticas decían que en 21 minutos a España le marcaron más goles que en el último mundial, además de no caer de modo tan catastrófico desde el 66 en Inglaterra.

Si hasta me daban ganas de ir a abrazarme con la blonda y preciosa holandesa y también  con tantos holandeses locos que entraban en delirio.

Pero tomé una mejor decisión, me paré cuando termino el partido para aplaudir  al equipo ganador, como a modo de disculpas por lo que había pensado de Van Gaal que le hizo honor al banquillo ocupado alguna vez por el genial Rinus Michels.

¡Ah, por las dudas! rogué que Argentina tome vuelo y que si nos tocara jugar ante los holandeses, no nos “agarren” fríos porque sino… ¡nos borran del planeta amigo!