Yo tengo una esperanza…
Es por eso que me aferro al borde del mantel, camino por el abismo, pero sin las dudas y el miedo con el que yo transcurrí en mis tiempos más tenebrosos.
Miro hacia los costados, por si alguien me da un nuevo ánimo; miro hacia la tabla realista para ver si todavía me dan los números y miro hacia el cielo, en dónde sé que alguien me perdona y que – pueda ser – me tire un centro, para pararla con el pecho y meter mi ilusión en dónde duermen las arañas.
Las metáforas pueden resultar muy futboleras como una apostasía para los oídos de los creyentes. Tantas veces pasé por las tormentas más crueles. Por ejemplo cuando nos quedamos afuera en esa contienda contra Ferrocarril Oeste en el 81, como cuando – luego de clasificar al primer nacional del 86 – nos fuimos por el túnel negro en la temporada 87/88.
Después de tantas alegrías en la nueva etapa de los ascensos, tras tantas alegrías en la primera del futbol, teníamos que gambetear ese invento de los promedios, todo para interés e importancia de los más pudientes equipos del futbol argentino.
Todo aquello que pareció una oportunidad para el futbol del interior, fue un “dejá- vu “ para mi intelecto de muchachito de tablón.
Siempre pienso que el futbol se hizo para los equipos más grandes y coautores del “establishment”, sino “No hay tu tía” con este futbol en donde están marcadas las barajas, como cantaban Pedro y Pablo con la autoría de la letra de Miguel Cantilo.
Sin embargo yo tengo una esperanza, aunque la madurez se dispute la sensatez de pedirle a Dios que todo se nos dé, o que la realidad se nos venga abajo como un paredón de pasiones.
Esta esperanza la solidifico, porque alguna vez, en los viejos nacionales, “capeamos el temporal”, y eso nos costó sangre, sudor y lágrimas como decía mi abuelo. En otras oportunidades nos quisieron “voltear” de primera, con valijas de dinero o con actitudes armadas y cobardes, décadas atrás.
Más acá del tiempo, para que vos recuerdes pibe, un día nos fuimos a jugar a Concepción de la Banda del Río Salí y solo servía ganar. Por eso es que aquel fabuloso gol del “mago” Rosas con amague y remate al ángulo, nos dio vida en ese torneo del interior del 91, conducidos por el maestro Marcial Acosta.
También recuerdo que en el 92 fuimos “jugados” a la provincia de Misiones para enfrentar a Guaraní Antonio Franco, tras empatar en Jujuy, sin embargo ganamos en las tierras coloradas y salimos airosos de aquel bravo compromiso.
¡Ni hablar de aquel gol del “ratón” Morelli ante Chacarita en tiempo suplementario, que nos situó nuevamente en el Nacional “B”, por el que tanto peleamos aquella vez y también ahora.
Esa esperanza de la que hablo, también creí perderla cuando, parecía que en el 94 Deportivo Italiano nos ganaba, sabiendo que Quilmes (el preferido de la AFA) era vencido por Deportivo Morón. Entonces, tuvimos que enfrentar a Central Córdoba conducido por Salvador Raguzza, el mismo que nos dejó mal parados en esta situación por la que estamos pasando.
Ya en primera división me acuerdo que estuvimos diez fechas sin ganar con “pancho” Ferraro; sin embargo – con una campaña de hormigas – nos salvamos y subimos más alto en la “elite” del futbol argentino.
Después vinieron los triunfos ante River o Boca, que nos colocaron como un equipo respetable, por lo que nos bautizaron “El capo del norte”. Por eso tengo una esperanza metida en el saquillo de mi campera de invierno, y eso nadie me lo podrá quitar. Porque tengo un montón de historias, de hazaña y de hechos que nadie podrá borrar de mi cabeza.
Sé que la existencia es caótica, pero ¿sabés qué pasa? A nadie nos podrían prohibir esto, de color verde, de sabor a sabia, de fragancia a porvenir y de ganas de salir de este “Thriller” futbolero.
Yo tengo una esperanza, que nadie me la podrá quitar de las manos, hasta que acepte que no habrá más nada por decir.
Si no es así, me sobra dignidad y grandeza para poner el pecho ante el infortunio, y admitir que el paisaje no es solo bonito, sino que el camino puede resultar sinuoso.
Ya tendré tiempo para meditar sobre si el futbol es la “Dinámica de lo impensado” como decía Panzeri, o si ciertamente el futbol es la intensidad del azar o las conveniencias.
Yo tengo una esperanza, hasta que nadie me despoje de ella, seguiré creyendo en mi anhelo, producto de tantas alegrías cosechadas y de tantas angustias acopiadas.
Solo quiero despertar de esta pesadilla y atizar el fuego sagrado de nuestro prestigio. Hasta entonces, mi corazón seguirá latente y mi espíritu en alto.
De no hacer así no me enojaré con el futbol y mucho menos con Dios, porque ellos me dieron el albedrío de aferrarme a tus colores desde niño, de gozar con tus proezas en mi juventud y envejecer para decirle algún día a los más chicos que: “La esperanza será siempre para mí Gimnasia y la fe, la certeza que la biblia futbolera menciona, que nunca nos vamos, porque siempre estamos volviendo”.
El Poeta del Futbol