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Víctor Emilio Chocobar: Adiós señor, lo vamos a extrañar…

Será muy difícil volver a la calle Patricias Argentinas casi esquina San Martín y no verlo con su voz pausada y gentil, hablando de su campeonato y de las mujeres que siempre recibieron su respeto.

Don Emilio, estamos tristes porque esa sede (Asociación Jujeña de Básquetbol Femenino) no será lo que fue, aunque alguien la ocupe. El 25 de abril de 1949 se inició esta historia de una de las entidades más fecundas y silenciosas que se fundaron.

Usted estaba allí, viviendo las glorias de aquel subcampeonato argentino de nuestras mujeres en el Estadio Federación.

Fue un defensor de su familia cuando se rehusó a pertenecer a la Federación de Basquetbol, porque sabía que su entidad estaría en peligro de sujeción.

Nunca olvidaremos nuestra presencia en ese recinto, en donde con su sapiencia y voluntad, arreglaba los conflictos más intricados o cuando todo lo resolvía con una sonrisa y con una salida simpática para la ocasión.

Usted hizo todo aunque le quedaron truncos los sueños de tener una mejor y gran sede de su asociación, siempre por problemas económicos, que fue siempre su impedimento porque capacidad intelectual le sobraba.

Siempre renegaba por la falta de dirigentes y que por esto los deportes se iban deprimiendo, porque – al margen de sus ocupaciones – le dedicó toda su vida al basquetbol femenino.

Hoy siento que se fue un gran ser humano, honesto, probo y con los bolsillos vacíos, pero por sobre todo un amigo.

No tengo más por decir, salvo el infaltable ¡gracias! por haberme acompañado como periodista y el haberme formado como persona, aunque usted no lo supiera.

Fueron 63 años de vida y de melancolía y cuarenta años dedicados a la dirigencia y al basquetbol femenino.

Atrás quedaba ese inolvidable 1965, Argentino jugado en Jujuy con el sub campeonato obtenido por nuestras mujeres en nuestra tierra, lo cual sirvió para comprar ese inmueble de la Asociación que todavía está en Patrias Argentinas.

Don Víctor Emilio Chocobar, solo me resta decirle gracias, por su gratitud y bondad, mientras solo me nace un humilde y sincero título para esta despedida: Adiós señor, lo vamos a extrañar…

El Poeta del Futbol