Te fuiste sin avisar, querido “Rata” Segura
Eso de saber morder los tobillos, de meterle un puntapié en los tacos del jugador rival y de los “guadañazos” cuando no quedaba otro recurso, eso tenía más de batalla que futbol estético. Lo entendí cuando una vez en una charla jugando a la pelota, te escuché decir ¡hacha y tiza, hacha y tiza!
Me parce mentira no verte entre nosotros, al menos corpóreamente, porque en la sensación térmica de una cancha de fútbol, todavía se siente tu calidez de amigo, la carcajada disponible y tu incondicional afecto. Tu vida fue una travesura de niño por las calles del barrio, una aventura en el desparpajo de los picados con los muchachos de Luján, por eso hoy que me toca evocarte es ya incontenible hacer deslizar un lagrimón.
Es verdad aquello de que cuando un amigo se va, queda un espacio vacío, así reza la canción y aunque te busque en un tercer tiempo, tal vez te encontremos en el vaivén del humo de un asado a punto de salir, hasta que por fin tu presencia se haga tangible cuando se levante la primera copa en tu honor escuchando tu inconfundible frase de satisfacción luego del sorbo diciendo: ¡Echeira!
Entonces te veremos en cada risa de tus compinches, la anécdota que nos llevará a la vagancia noctámbula de tus ocurrencias y la rúbrica siempre de la risotada general.
Así siempre fueron tus tardes y tus noches, una fiesta armada con tus camaradas después del partido de fútbol… Hablando de futbol vuelvo a las tardes con tu querido Deportivo Luján allá por el ‘88, el equipo del “Loco” Rey, en dónde eras el férreo número tres que –no por joven- te iban a llevar así nomás por delante.
Hasta un día se me ocurrió compararte como el “Loco” Enrique de nuestras canchas. Nunca me voy a olvidar aquella hazaña con tu Deportivo Luján, cuando peleaban los ascensos, como en esa década, con Ozán en el arco, Civardi , “El Rata” Segura”, “El Diablo” Centeno (gran número diez), el “Viejo” Fernández que venía de vuelta y era el goleador”… Ese equipo era de la década del ‘80, y ascendió ante el poderoso Círculo Deportivo Policial que perdió por penales en La Tablada.
En ese tiempo y hasta tus últimas horas sobre esta orbe siempre fuiste un pillo, un atorrante que aprendió en la escuela de las calles cómo defenderse cuando las “papas quemaban”.
Porque eso de saber morder los tobillos, de meterle un puntapié en los tacos del jugador rival y de los “guadañazos” cuando no quedaba otro recurso, eso tenía más de batalla que futbol estético. Lo entendí cuando una vez en una charla jugando a la pelota, te escuché decir ¡hacha y tiza, hacha y tiza!
Pero tu bizarría tuvo una insólita escena: Jugaban Luján ante Juventud Celulosa y en un córner tenías que marcar al “Gigante” Héctor López de gran pergamino. Vos paradito cuidando un palo parecías un “trapito” al lado del tanque panzer de todas las guerras juntas, cuando el grandote López (antes que viniera la pelota aérea) te relajaba diciendo –como todo porteño- “salí de aquí negrito”, “correte bolita”, “cabecita negra, te voy a arrancar la cabeza”. Fue entonces cuando tu garganta tomó impulso para meterle un escupitajo en la cara de quién se creía más guapo y recibió un salivazo como respuesta y ofensa que fue peor que una patada virulenta, más bien fue un “Patadón” a su autoestima.
Los que vimos esa acción, no podíamos creer su correlato cuando el gigante Héctor López indignadísimo y con las venas del cuello coloradas e infladas de su indignación, te entró a correr a la vista de todo el estadio La Tablada, mientras vos corrías huyendo de una paliza segura pero con la cara satisfecha y burlona tras el temerario hecho realizado. Nunca te alcanzó y saliste airoso de ese acontecimiento.
Así eras en la cancha y en la vida, un tipo astuto y sinvergüenza, de esos que no le tenían miedo a nada ni a nadie, así de cabrón y loco.
Las veces que me reí viniendo del estadio La Tablada por la peatonal Belgrano y el “Chaqueño” Martínez te tomaba de la mano como si fueras un simio y vos imitabas con tus gestos y tu garganta a un mono, con la misma caminada que un orangután, ofreciendo un espectáculo gratuito para la gente que paseaba mientras se reían algunos o te miraban atónitos sin saber si era un loco suelto en la ciudad.
Volviendo a las canchas fueron muchos wines quienes te sufrieron, por ese estilo con garra y atrevimiento, en donde todo valía hasta encerrar a un jugador rival contra el banderín del tiro de esquina y apretarle los testículos con tu mano siempre que el árbitro o el línea no se diera cuenta. Aquello era un crimen perfecto porque terminaba con el contrincante tirado en el piso y con el dolor inaguantable de sus partes pudendas.
Así te vi tantas veces, haciendo las cosas más desopilantes de la cancha, un jugador digno de un técnico como Bilardo o como Hugo Conde, en donde todo valía para ganar, menos volver al vestuario “ninguneado”, vendiendo siempre cara la derrota.
Pero que quede en claro que dentro de una cancha era más conveniente tenerte de amigo, aunque fuera del rectángulo eras la alegría del grupo con tus cargadas y esa incontenible ganas de reír y hacer reír a tus compañeros.
La verdad que me gusta recordarte más como el histriónico ser que vivió lo que Dios dijo que tenías que vivir, por eso lo hiciste con ese vértigo entre los que te conocieron.
Muchos dirán: se fue joven, muy temprano, justo cuando lo mejor de la vida se venía, pero fue voluntad del señor quién te recibió como un pecador en este mundo plagado de pecadores. Pero que nos divertimos ¡seguro que lo hicimos pero siempre juntos “Ratita”! y aunque no te veamos perceptible, te vemos en todas partes, Sali4ndo por el túnel de las canchas cuando fuiste jugador de los clubes que defendiste, debajo de un árbol subiéndote las medias en los veteranos, discutiendo con tus compañeros para luego abrazarlos y riéndote con ellos.
Igual te extrañaremos y solo nos quedará el consuelo que jugaste y sentiste el futbol aquí adentro en donde se mueren las palabras. Hasta moriste en tu ley, en un sábado por la tarde, en un partido de futbol…ahí dentro de la cancha, en donde un día se te fue la vida. Pero como todo personaje de cualquier barrio parecido o igual a vos, siempre habrá un lugar para el recuerdo y una copa en alto para decirte ¡ salud y “Echeira”, querido “Rata” Ricardo Segura! …Villa Las Rosas y los muchachos estaremos siempre contigo.
El Poeta del Fútbol

