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“Tango, tanguito, Troilo, tango feroz”

“Pichuco” Troilo y querido amigo “Tanguito”, hoy celebro cada momento transcurrido, porque la Orquesta y las bandas siguen tocando y aún sigo pensando que “el amor es más fuerte”.

¡Cómo pasa el tiempo hermano! Mientras él mismo te “revolea” las agujas por la cabeza, vienen a mi mente de un fin de semana taciturno la música de Don Aníbal Troilo con ese bandoneón que suspiraba. ¡Cómo no iba a acordarme de usted querido “Pichuco”, si todavía recuerdo que , teniendo diez años, mi vieja intentaba enseñarme en el patio a bailar los compases, con esa melodía que brotaba de un “tocadiscos” cuya púa parecía sufrir…

No sólo llenaste los fines de semana, sino que te idolatré cuando ya tenía el “metejón” del fútbol instalado en mis vasos sanguíneos. ¡Qué te parece…! Si una vez dijiste: “El fueye me atraía tanto como una pelota de fútbol”, fue allí cuando más disfruté de tus dedos mágicos puestos en cada parte de la “botonera”, como verte en una película en “blanco y negro”, en la cinta de los “Los tres berretines” junto a otros capos rioplatenses.

Pero vos eras ya, el “bandoneón mayor de Buenos Aires”, dichosos los ojos que te vieron, como el privilegio de haberte tenido en nuestros vinilos que llegaban de la Capital. Tu orquesta aún sigue sonando en mi memoria, “Barrio de tango”,” Garúa”, “Pa’ que bailen los muchachos”, “La última curda”,” Sur” – y aunque te siga doliendo, habiéndote reencontrando con Homero Manzi en el cielo, el memorable tango dedicado a tu amigo titulado “ Responso”.

Quería empezar el  recordatorio con usted maestro, porque por estas fechas, un 19 de Mayo, partía hacia el descanso y pasaba a la inmortalidad de los más grandes.

Por eso le pido permiso, para que justamente en este día, rememore a alguien que también me dejó cosas dando vueltas en mi mente. Le hablo de José Alberto Iglesias, más conocido como “Tanguito”, el que nos alucinó cantando en nuestro incipiente Rock diciendo: “Estoy muy solo triste, acá, en este mundo abandonado… construiré una balsa y me iré a naufragar”…

“Tanguito” tocaba de primera, y desde las noches del célebre bar-teatro “La cueva” o el bar “ La perla del Once”, la bohemia y el divague era un trago común que saboreaban los concurrentes.

Ahí, muchos chicos aprendimos que “Pueden robarte el corazón, matarte a tiros en Morón, pueden lavarte la cabeza, por nada… pero el amor es más fuerte”. ¡Amor de primavera! “El hombre restante”,” Natural”, “La princesa dorada”…

Eran tiempos del otro tango, “El tango feroz”, la rebeldía, las ideologías de los sueños y el desenfado. A veces creo que mi alma se quedó allí situada, y quizás por ello en algunas cosas no alcancé a “rescatarme”.

Por eso maestro, “Pichuco” Troilo y querido amigo “Tanguito”, hoy celebro cada momento transcurrido, porque la Orquesta y las bandas siguen tocando, porque gracias a usted “Troesma” me abracé a mi vieja pretendiendo bailar en una baldosa, o porque -con los muchachos- aún sigo pensando que “el amor es más fuerte”.

El Poeta del Fútbol

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