Roque Segundo Escobar: El arquerito de oro voló por última vez
Escobar fue uno de los mejores arqueros del futbol jujeño. Se nos fue recientemente y Jujuy al Momento lo recuerda con emoción.
Mientras los rumores y las voces se extienden en el corazón de los más fanáticos del "lobo jujeño", mis ojos están nublados e irrumpen en un llanto. Es que se fue Roque Segundo Escobar, bautizado en los 70, como “el arquerito de oro", por tantas voladas de palo a palo, pese a tu poca estatura, esas que más allá del tiempo, lo llevarían a ser mito.
Puede que ahora la cancha ubicada en el barrio Luján, nos recuerde las odiseas de nuestro ayer, como nos recuerda hoy que para ser Gimnasia de Jujuy, antes hubo un Tomás Yufra como presidente, o el Doctor Hugo Llapur para ponerle el maravilloso acaecimiento de un club que tuvo paciencia y sudor, para ser el más grande campeón de nuestro futbol jujeño.
Por eso estamos aquí, mirando la escena póstuma; a tu familia que agota sus lágrimas y a algunos de tus compañeros de batalla, quienes lucharon junto a vos en los viejos regionales en el inicio de los setenta.
Ahí están dos de tus escuderos de aquel entonces, por eso me cuesta ver al "bombacha" Salinas torciendo su mueca para no aflojar, como al "doctor " Quevedo, el goleador inolvidable, con sus lágrimas cayendo como si fuera el final de su propia biografía.
Serás siempre grande pese a tu talla casi diminuta. Hoy te veo reposando en paz, aunque siento que tu pueblo algo te adeuda, porque fuiste de esos futbolistas que pasaron de club en club con sus pobres lucros.
No en vano pediste antes de cerrar los ojos, no ponerte un traje, lo que hubiese sido una contrariedad para una vida indigente como la de cualquier changuito cañero. Porque preferiste tu indumentaria deportiva celeste y blanca, como las que usan nuestros jugadores ahora, o los hinchas que nunca sabrán de la calidez de aquellos abrazos y de "una primera vez" para ser para siempre.
No cabe una palabra para quererte eternamente bajo los tres palos de Gimnasia y Esgrima de Jujuy. Allá por 1970, en los feroces campeonatos regionales, ante la dubitativo gesto del grandioso René Domingo Taritolay, saliste abriéndote paso en medio del cabildeo de los jujeños que no se atrevían dilucidar quién patearía aquellos penales que ya se venían.
Sin embargo surgió tu presencia inmortal para contestar la pregunta del viejo técnico Marcial Acosta, ¿quién se animaba a patear en la definición ante los santiagueños?... ¡Yo los pateo Marcial!, dijiste en esa tarde en la que llevamos una legión de cuarenta colectivos llenos de hinchas. Eran tiempos en donde no había lista de pateadores, sino que se elegía a un solo pateador y a su respectivo guardameta.
De allí que "el arquerito de oro" patearía eficazmente sus penales y atajándole al formidable arquero de Central Córdoba Carot sus envíos, que derivaron en el triunfo jujeño y la locura general de la provincia de Jujuy.
En uno de esos micros viajaba una "veinteañera", novia del tucumano Escobar, con quién se casaría y estaría a su lado hasta sus últimos momentos.
Habría muchas jugadas que describir, como esa tarde en La Tablada en la que el “chamaco" Rodríguez, en un amistoso entre River Plate y Gimnasia, le envió un remate al ángulo que "El arquerito de oro" sacó con un vuelo "aerodinámico", produciendo la atajada y los aplausos del mismo "caudillo de River", una cosa increíble de verdad...
Su tucumaneidad, por así decirlo, quedó en evidencia cuando - luego de ganarle a Patronato de Paraná y clasificar al primer nacional de su historia el plantel albiceleste fue invitado para presentarse en el programa televisivo Sábados Circulares con la conducción de Pipo Mansera, una suerte de Marcelo Tinelli de aquella época - ahí comenzaría una anécdota sin igual.
"Pipo" Mansera le dio la bienvenida a los jujeños, saludando a los invitados y preguntando: ¿usted cómo se llama?, ¡René Domingo Taritolay y soy el diez del equipo!.¡Ah bueno usted es el estratega de su equipo, que bien !!!. ¿Y usted señor?, continuó indagando el conductor. “Soy Daniel Quevedo, el nueve del equipo”. ¡O sea que usted es el que mete los goles de su equipo; qué bien!
Hasta que llegó el turno de preguntarle al arquero de Gimnasia, a lo que le respondió: “yo soy Roque Escobar, el arquero de mi equipo”. Pipo Mansera lo miró y se le puso al lado, hombro con hombro. De pronto le dijo ¡pero con esta altitud yo también sería arquero, no le parece? El tucumano guardavalla de Gimnasia lo miró y le brotó el "tucumanazo" que llevaba adentro para decirle: ¡y sí, usted podría ser arquero ya que tenemos el mismo "estator". En realidad quiso decir tenemos la misma estatura, pero su licencia tucumana pudo más que aquel instante….
Allá por 1971 en un Regional, debió enfrentar a Juventud Antoniana de Salta, en partido a jugarse en la cancha de Central Norte. Esa noche los salteños pasaban en autos y camionetas, metiendo ruido y haciendo explotar bombas al frente del "Motel Huaico", de Salta, donde los jujeños estaban concentrados. La idea era no dejar dormir a los jugadores de Gimnasia, e incluso hacer cualquier cosa que impidiera la tranquilidad de los jugadores visitantes.
Ese día, todo se fue "a la miércoles", ya que los hinchas salteños ingresaron al hotel; abajo en el hall estaban los jugadores de Gimnasia y Esgrima. Fue así que se armó una batahola tremenda que terminó con heridos; Marcial Acosta (técnico del “lobo”) con un profundo corte en la oreja, hasta que bajó por una escalera el "arquerito de oro" con una pistola en la mano (en realidad era un matagatos) espantando así a los salteños que huyeron ante la irrupción de golero jujeño.
Un día después Juventud Antoniana ganaría luego de que “el negro" Laguna le metiera pinchazos con una aguja de coser colchones al goleador Daniel Quevedo. ¿La verdad? un verdadero desastre arreglado que finalizó con la eliminación de Gimnasia.
Ahora te veo en tu sueño profundo al que todos llegaremos, con tu indumentaria celeste y blanca como pediste que te vistieran antes de que tu corazón dijera basta.
Te lo dije al lado de tu lecho final: prometo nunca olvidarte, hacer un minuto de silencio en mi alma y dejarte en la tumba los colores que más quisiste.
El 26 de Noviembre del 2014, se te ocurrió irte sin saber que un vacío dejaste en la historia de nuestro club favorito, en la vecindad en la que ganaste la cordialidad de cada día vivido.
Chau "arquerito de oro", que enseñaste en tu época al piberío volar de palo a palo, como si fuera el último recurso para ahogar el "garguero" y reírte sarcásticamente cara a cara con el artillero contrario.
Hoy me enseñaste una lección más, esa que dice todo viene y va. Pero tu recuerdo, querido "loco" Escobar, nunca se perderá mientras la memoria albiceleste se agite y tu figura siempre esté presente por los siglos de los siglos, metiendo un manotazo sobre un ángulo y a salvando tu valla
Roque Segundo Escobar, te queremos y nunca te olvidaremos "gorrión" con guantes; ídolo de las primeras multitudes del lobo jujeño. Hasta siempre amado "arquerito de oro"...
El Poeta del Futbol

