Leo Ferreyra, a Jujuy siempre se vuelve…
Lo vimos apretar los dientes y frotarse las manos alentando a su querido Gimnasia y Esgrima, en ocasión de aquel “forzoso” triunfo ante Brown de Adrogué, en un fin de semana patriótico para los hinchas albicelestes.
El “leoncito” Ferreyra un día partió convocado por Olimpo de Bahía Blanca, pero nos dejó su corazón como un buen pibe agradecido, por todo lo que aprendió en el barrio Los Perales, en Cuyaya y sobre todo con el “lobo” de Jujuy.
El domingo fue un hincha más, que tragó saliva, que exclamó por cada secuencia y que se fue con un nudo en la garganta después de haber visto la lucha de su equipo, que le hizo recordar a la película “Retroceder nunca , rendirse jamás”.
Fue un orgullo ver nuevamente a un hijo predilecto de la casa, a una cara conocida a quien daba ganas de decirle ese día: ¡Dale Leo, ponete la camiseta y saltá a la cancha para que juguemos todos, ante el “fantasma del pro-miedo” que acecha y todavía no se aleja.
Qué lindo sería volver al día del debut de nuestro querido Leonardo Ferreyra en la primera división de Gimnasia, para luego enorgullecernos por su participación en los Panamericanos de Guadalajara, defendiendo los colores argentinos en la Selección Sub 20.
No sólo por eso lo quisimos -con lo bravos que somos los jujeños para reconocer a nuestros ídolos locales- sino porque además, Leo se incorporó no sólo a defender una camiseta jujeña, sino también a defender a los más necesitados en la “Fundación Manos Abiertas”, que lo llevó a conocer a su semejante que no llena su estómago de futbol, sino que también siente el dolor de la ausencia, el hambre o el rigor del frío.
Fue así que como dice el refrán “todo vuelve”, por eso el cariño de los más humildes, de los hinchas que ignoraban, que detrás de un gran jugador había un gran muchacho. Por eso todo sucedió tan rápido que, de disfrutarlo, lo pasamos a extrañar ya que Olimpo de Bahía Blanca se lo llevó pronto.
Pero la gente pobre de la calle, los fanáticos del futbol y los que supieron apreciar el talento y su don de buena persona, siempre le dejaron abierta las puertas del afecto de par en par.
Por eso siempre es un placer y una gran alegría recibirlo como en los potreros del barrio Los Perales, en una esquina de Cuyaya o del barrio Luján.
¡Nadie te olvida Leo!, porque cuando te vimos en la cancha, sentimos una emoción que sólo los futboleros pueden llegar a sentir.
Leonardo Ferreyra… quién te ha visto y quién te ve. Bienvenido siempre, porque – después de todo – a Jujuy siempre se vuelve…
El Poeta del Futbol

