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¡Grande Lobo, grande!

Todavía resuena el grito de gol en los oídos de los hinchas de Gimnasia. El triunfo ante Independiente de Avellaneda no será fácil de olvidar. Por el rival y por la necesidad imperiosa de sumar de a tres.

No tuvo nada que ver con aquellos partidos, goles o acciones que la gente recordaba. Es que es inevitable, recorrimos tantos lugares y tiempos que tenemos la obligación de salir al frente a ganar como en otras  oportunidades.  Aunque en  esta ocasión era imperativo ganar por la maldita tabla de los promedios, pero ahí estábamos, con un estadio que se llenó como en los mejores momentos. Solo que esta vez era distinto; teníamos que ganar en un domingo maravillosamente preparado por el clima y un “microclima” que disfrutaban todos los que asistieron al estadio.

Fue un gigantesco presentismo de público, que le puso el pecho al sol y a las circunstancias. Es que la gente hace rato que eligió revivir a un equipo que se hizo grande a través del tiempo, hasta autoproclamarse, “el capo del norte”.

Es que los logros a lo largo de su existencia,  fueron inexorables e hicieron al “lobo jujeño” el equipo que llevó más alto a nuestro balompié. De allí la maraña de banderas, de gargantas feroces que habían llegado a tomar parte de un infierno – vaya paradoja – que el diablo no pudo soportar.

La gente encendía desde su corazón el ambiente y alentaba con su aliento una cancha que volvió a encenderse como en las tardes más caldeadas. Independiente  vino a poner la camiseta, su historia y su mística, pero chocó contra 15.000 almas que dejaron a un rival con la cabeza gacha y a unos cientos hinchas del rojo que se minimizaron apenas sonó el silbato final del árbitro.

Es cierto, el partido no fue como en los viejos tiempos cuando ambos conjuntos tenían nombres de distinción… ¡Y qué querés! en el “diablo” ya no están Bochini, Alzamendi y Barberón, como en Gimnasia ya no están tampoco el “rana” Valencia, el “gallego” López o el “pulga” Alderete. Como dice un amigo mío: es lo que hay…

Menos mal que la providencia y alguna intervención de Lucas Hoyos (mezcla de “chochi” Varela y el “rifle” Castellanos) apagaron el fuego que parecía que se venía al arco jujeño. Gimnasia, no vaya a creer que era una luminaria  eh ?... Gimnasia aguantó el chubasco, pero tuvo la voluntad  aunque no las ideas, porque su intención era progresar en la cancha a como dé lugar, pero sistemáticamente buscar la cabeza del “flaco” Quiroga.

Para colmo, Zapata de Independiente marcó un gol lícito,  pero que fue anulado por el juez de línea. Ahí  todos pensaron, “este partido marcha para el cero a cero seguro”. Hasta que vino el cambio de Diego López por Berza en Gimnasia, para que el lateral recién ingresado pusiera una pelota con un guante blanco en la frente de Quiroga. El estruendo de gol sacudió la ciudad, sin analizar que el defensor Tula de Independiente, perdió  la marca del delantero de Gimnasia, porque partidos así no se analizan, simplemente se ganan.

Para el colmo en esa reacción de Independiente los defensores tomaron la trinchera y cruzaron fuego ante cualquiera.  Ni hablar el “pipo” Desvaux,  que fue previamente agasajado por sus cien partidos defendiendo la camiseta del Gimnasia. El “pipo” respiró humildad, encontró consuelo cuando perdió un hijo, en la contención de los hinchas que lo apoyaron, independientemente que terminó siendo figura en este día señalado y en ocasión de una batalla más por salvar la categoría.

Al final terminaron siendo todos héroes. Quiroga que metió su gol, Desvaux que salvó “las papas” en los momentos más calientes y en definitiva, todos los que transpiraron la camiseta y que no olvidarán jamás – como los hinchas – lo que es sentirse “ angelado”, habiendo derrotado al diablo.

El Poeta del Futbol