El “Rana” Valencia de Jujuy y Talleres de Córdoba
Talleres fue siempre su amor e injustamente Gimnasia o Jujuy no lo reconocía como en Córdoba. Será por eso que –una vez retirado- nadie lo convocó para trabajar en el “Lobo jujeño”. Sin embargo, “La Docta” lo adoptó y sus momentos más felices transcurrieron por aquellas tierras.
Hace muy poco, José Daniel Valencia, nacido bajo la tribuna del estadio La Tablada, compartía el ascenso del Club Atlético Talleres –otro de sus amores- como seguramente fue Gimnasia y Esgrima de Jujuy, su club de origen. Es que muchísima agua pasó por ese maravilloso puente, para pensar cuánto hizo el extraordinario jugador jujeño para llegar tan lejos del parque San Martín.
Es que el “Rana” (así le decían por sus piernas flacas) hizo su escuela futbol –como muchos cracks- en la canchita del colegio El Salvador con el cura Marcelo y también en su Disneylandia del estadio de la Liga Jujeña.
Por eso apuró sus pasos hacia el estrellato con el diploma imaginario que le entregó Marcial Acosta cuando lo convocaba a jugar para los suplentes que enfrentaban a los titulares de Gimnasia y Esgrima de Jujuy. Lógicamente pronto lo “ficharon” para el club, no sin antes arreglar condiciones con el “Cata”, hermano mayor de la familia, quién quería que su hermanito simplemente estudiara.
Fue duro el trato, aunque Daniel finalmente se puso la casaca celeste y blanca para hacerle honor a un sentimiento que se haría gigantesco. Nadie sabría que con “Josi” Palacio y Alderete armarían un tridente que enloquecería al mismo César Luis Menotti aplaudiéndolo parado –como en un teatro- por aquella definición ante Santoro en el cuadrangular organizado en Jujuy.
Talleres entonces fijaría sus ojos en Valencia y Alderete y se jugó con una cifra millonaria para la época, llevándose a dos eminencias de los potreros del Valle y el Ramal respectivamente. Daniel ya no solo era Willington, al que amaban los “guasos” del barrio Jardín, sino también era el jujeño que conquistaría a la gran hinchada del “Tallarín”.
Así, pudo llegar a la Selección Argentina para consagrarse campeón mundial en 1978 en su país para luego darse una vueltita por el planeta.
Talleres fue siempre su amor e injustamente Gimnasia o Jujuy no lo reconocía como en Córdoba.
Será por eso que –una vez retirado- nadie lo convocó para trabajar en el “Lobo jujeño”. Sin embargo, “La Docta” lo adoptó y sus momentos más felices transcurrieron por aquellas tierras.
Así estuvo presente para festejar la vuelta de Talleres, luego de doce años de ausencia, con la promesa de enfrentar muy pronto a Belgrano, “El Pirata cordobés”.
Valencia estaba en la memoria de los más sabios de la historia en cada bar en el que se festejaba el logro obtenido. Desde Willington, pasando por Bravo o el “Hacha” Ludueña. Pero cuando se nombraba al “Rana” se hacía unos segundos de respeto evocando al ídolo que nació en Jujuy, el que jugó en las canchas jujeñas, el que tuvo el valor suficiente de patear en los penales ante Juventud Antoniana teniendo 17 años en Salta en 1973 y el que se fue para salir campeón del mundo.
Talleres de Córdoba estará siempre en su vida como Gimnasia de Jujuy, pero como jujeños, hubiésemos querido disfrutarlo un poco más…
El Poeta del Fútbol

