El fútbol y el nunca más...
A mis 12 años iniciaba el Mundial 78 y la música de la marcha oficial nos entusiasmaba a nosotros los niños, ignorando lo que pasaba con esa dictadura, que solo algunos grandes entendían.
Porque a nosotros, los más chicos, nos llenaron los ojos de fútbol, mientras los gritos de piedad y libertad, no llegaban a nuestros oídos…
Porque nos quedaba, al fin y al cabo, la final ante Holanda y la copa del mundo en manos del capitán Daniel Pasarella, para desatar la alegría del pueblo futbolero, por el campeonato mundial obtenido.
Con nuestra candidez de niños de 12 años, no sabíamos que Videla, junto a Emilio Mazzera, Orlando Agosti y otros cómplices, dejaban sin hijos, sin nietos, sin vida a los que no tuvieron su clemencia y justicia por tanta muerte padecida. Crímenes de lesa humanidad; nosotros ya de grandes, aprendíamos lo infame de la palabra y de la acción siniestra de los malditos asesinos.
Todo terminó en la mentira y en el terrorífico desenlace de aquella absurda guerra de Malvinas, que finalizó con el horror.
¡Guerra, Malvinas y fútbol!
La dictadura militar no daba para más; el golpe de Estado de 1976 quería llegar a su fin. Las manifestaciones gremiales y la avidez del pueblo argentino por votar y elegir un presidente democráticamente, era una latente necesidad.
Ante las manifestaciones populares, los militares tuvieron la infeliz idea de tirar una cortina de humo absurda, como fue declararle la guerra a Inglaterra con recuperación de las Islas Malvinas. La estúpida ingenuidad de pensar que para ello se contaría con el apoyo de Chile (presidido por otro genocida como el general Augusto Pinochet) y de los Estados Unidos, inmiscuidos entre las tiranías, fogoneando siempre cuestiones bélicas, fueron la base de una descabellada idea, mientras se desarrollaba en España el Mundial de fútbol de 1982.
El objetivo: lograr la unión del país por ese temerario hecho, pretendiendo hacer olvidar a los desaparecidos por el golpe militar.
El mundial de España y la pelota, también formaban parte del plan de efecto que se quería lograr. En tanto la selección de Menotti jugara, mientras miles de jovencitos morían en un campo de batalla.
La derrota contra Bélgica fue una premonición de que algo no andaba bien en el alma de Argentina, pues un día después, se producía la rendición de nuestras tropas, después de que los militares nos hicieran creer por los medios periodísticos, profesionales y algún relator de fútbol, que estábamos ganando la guerra. Toda una mentira que se distraía con las victorias ante Hungría y El Salvador, como para que el fútbol fuera el consuelo de aquella aventura bélica.
La cancha pasaba a ser la guerra, pues se especulaba un posible choque entre los seleccionados de Argentina e Inglaterra, como si con ello nos devolverían las Malvinas y nuestros muchachos muertos.
Nada de ello ocurrió, ya que ambos quedaron eliminados en segunda ronda. Argentina con los históricos del 78 y los juveniles Ramón Díaz y Diego Maradona. Diego se iba con la vergüenza de un planchazo a un brasileño, cayendo ante Brasil e Italia. Fin de la historia, cuando solo quedaron algunas frases para reflexionar. El periodista ex combatiente, Marcelo Rosasco decía mientras estaba en las trincheras: "nuestros compañeros combatían, y nosotros entre tiro y tiro alcanzamos a escuchar el gol de Bélgica e insultábamos por ir perdiendo".
Daniel Pasarella, capitán argentino, diecinueve años después dijo: "No debí jugar el Mundial 82. En Malvinas muchos chicos murieron y yo, como capitán, debí hacer algo, para que no entráramos a la cancha". También Patricio Hernández se pronunció: " A los jugadores nos trataron como si no fuésemos hombres. Por eso queríamos sacar fuerzas de dónde sea, para darle una satisfacción a la gente. Pero cuando salí a la cancha sentí mucho frío. Lo humano superó a lo futbolístico”.
Después no quedó nada, solo la importancia de no olvidar a nuestros héroes y decir: ¡nunca más!
El Poeta del Fútbol

