Pasarán los años y hasta los periodistas pero en el Colegio del Salvador de San Salvador de Jujuy, nadie podrá ignorar lo que fuiste como docente y evangelizador.
El cura Marcelo Gottig, padre de nuestro fútbol jujeño
¡Cómo pasa el tiempo caramba! Ya pasaron catorce años de tu partida pero aún sigues vigente… Es que tu vida fue abundante, como lo sostiene cada uno de los alumnos que pasaron por tus aulas y sobre todo por el potrero.
Esos tiempos ya no vendrán, porque vimos pasar a muchos predicadores que nos señalaron la palabra de Dios, pero como vos no hubo ninguno que nos enseñara con tu prédica y – sobre todo con tu ejemplo- la verdadera palabra de Dios, a través de tu impecable narrativa (algunas veces con algún correctivo) de lo que era ser cristiano y sobre todo buena persona. Eso nadie lo podrá reponer, a pesar que un día te tocaron el hombro porque eras un “cura” diferente.
Para entonces ya eras un patriarca del futbol jujeño, porque en ese potrero que yace sobre otros cimientos que el colegio decidió matar, estaba la “canchita” de la institución de la muchos iban a hablar.
Allí estaban Jorge Cafrune, el gran folclorista que debe estar al lado tuyo y los futbolistas que todavía se enorgullecen de haberte tenido como entrenador de la vida misma.
En tanto el Colegio El Salvador era un semillero inagotable de talentos que luego se dispersarían por el mundo, como fue el caso de “El rana” Valencia; “Josi” Palacios, goleador de Gimnasia y Esgrima; Jorge Ortega (hoy en Japón); el “pájaro” Juárez; el “Turco” Alul, o Mario Humberto Lobo, máximo ícono de Gimnasia.
Sé que me quedo corto con tantos niños que criaste y que fueron ídolos de nuestro fútbol; muchos brillaron fuera de la provincia pero también partieron hacia otras fronteras. Me quedarán como asignaturas los nombres que tal vez no se destacaron, pero que fueron también fruto de tu docencia.
Habrá otros que hoy sacarán pecho, diciendo “el cura Marcelo me dirigió, y su destino fue estar en esta sociedad, como médicos, arquitectos, ingenieros, abogados y quién sabe por dónde andarán ahora. Pero estamos seguros de que, por sobre todo, serán buenas personas, aún sin conocer las luces de la popularidad.
Padre Marcelo Gottig todavía lo vemos con su sotana, aceptando el desafío de un partido, jugando cada pelota y alzándose en el aire con el “Turco” Cafrune, lo que le costó una herida en el arco superficial izquierdo por haber ido con vehemencia al cabezazo.
Pero no solo este rincón es para hablar de fútbol, sino también para tu predicación por el canto y la música, porque también formaste el coro más destacado de Jujuy.
Los que no te conocieron deberán saber que naciste el 5 de Agosto de 1914, para dejarnos casi desamparados por tu sapiencia un 26 de Mayo, justo un día como hoy nublado y frío, pero con nuestro corazón candente, pleno de memoria y de ganas de recordarte por siempre.
Una mañana de agosto en honor a tu fecunda vida en la entrada a la Liga Jujeña de Futbol, se instaló un busto en el que tu inconfundible rostro nos refleja a los que te conocimos, tu semblante de hombre digno, tu rasgos de maestro y cultor del misticismo de nuestra religión y también del fervor por el fútbol con el que supiste predicar.
Solo deseamos decirle gracias y hasta cada emoción “padre Marcelo”. Pasaron catorce años y su huella no se borra ni se borrará jamás.
Gracias por los “cracks” que formó, por ese semillero inolvidable de futbolistas y de personas que nadie en esta y en otra vida pondrán olvidar.
Padre Marcelo Gottig, usted ya es eterno, por eso debe estar formando un equipo de ángeles para un nuevo campeonato en el que todos iremos a participar alguna vez.
El Poeta del Fútbol
Para entonces ya eras un patriarca del futbol jujeño, porque en ese potrero que yace sobre otros cimientos que el colegio decidió matar, estaba la “canchita” de la institución de la muchos iban a hablar.
Allí estaban Jorge Cafrune, el gran folclorista que debe estar al lado tuyo y los futbolistas que todavía se enorgullecen de haberte tenido como entrenador de la vida misma.
En tanto el Colegio El Salvador era un semillero inagotable de talentos que luego se dispersarían por el mundo, como fue el caso de “El rana” Valencia; “Josi” Palacios, goleador de Gimnasia y Esgrima; Jorge Ortega (hoy en Japón); el “pájaro” Juárez; el “Turco” Alul, o Mario Humberto Lobo, máximo ícono de Gimnasia.
Sé que me quedo corto con tantos niños que criaste y que fueron ídolos de nuestro fútbol; muchos brillaron fuera de la provincia pero también partieron hacia otras fronteras. Me quedarán como asignaturas los nombres que tal vez no se destacaron, pero que fueron también fruto de tu docencia.
Habrá otros que hoy sacarán pecho, diciendo “el cura Marcelo me dirigió, y su destino fue estar en esta sociedad, como médicos, arquitectos, ingenieros, abogados y quién sabe por dónde andarán ahora. Pero estamos seguros de que, por sobre todo, serán buenas personas, aún sin conocer las luces de la popularidad.
Padre Marcelo Gottig todavía lo vemos con su sotana, aceptando el desafío de un partido, jugando cada pelota y alzándose en el aire con el “Turco” Cafrune, lo que le costó una herida en el arco superficial izquierdo por haber ido con vehemencia al cabezazo.
Pero no solo este rincón es para hablar de fútbol, sino también para tu predicación por el canto y la música, porque también formaste el coro más destacado de Jujuy.
Los que no te conocieron deberán saber que naciste el 5 de Agosto de 1914, para dejarnos casi desamparados por tu sapiencia un 26 de Mayo, justo un día como hoy nublado y frío, pero con nuestro corazón candente, pleno de memoria y de ganas de recordarte por siempre.
Una mañana de agosto en honor a tu fecunda vida en la entrada a la Liga Jujeña de Futbol, se instaló un busto en el que tu inconfundible rostro nos refleja a los que te conocimos, tu semblante de hombre digno, tu rasgos de maestro y cultor del misticismo de nuestra religión y también del fervor por el fútbol con el que supiste predicar.
Solo deseamos decirle gracias y hasta cada emoción “padre Marcelo”. Pasaron catorce años y su huella no se borra ni se borrará jamás.
Gracias por los “cracks” que formó, por ese semillero inolvidable de futbolistas y de personas que nadie en esta y en otra vida pondrán olvidar.
Padre Marcelo Gottig, usted ya es eterno, por eso debe estar formando un equipo de ángeles para un nuevo campeonato en el que todos iremos a participar alguna vez.
El Poeta del Fútbol

