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Diego Armando Maradona y Eduardo Bacas, juntos para la posteridad

Muchas veces me río al ver a alguno de esos hinchas contemporáneos, que agitan en las tribunas actuales, tratando de degradar al equipo contrario, ignorando los momentos de gloria que tal vez tuvo el club en cuestión.

Me pasa con Altos Hornos Zapla, como me puede pasar con Talleres o Cuyaya. Lo cierto es que particularmente con Zapla me llega más esa bronca al escuchar las palabras más agraviantes para un club que verdaderamente fue el orgullo, no sólo de la primera ciudad siderúrgica de Palpalá, sino también de la provincia.  Una provincia que tiene mucho para enorgullecerse por las epopeyas futbolísticas que nos hicieron vivir  Gimnasia y Esgrima, Zapla, Talleres, Independiente,o Atlético Ledesma.

Por eso me da tanto gusto cuando algunos fanáticos de sus colores me hacen llegar fotos del recuerdo, de tiempos maravillosos que uno guarda como un tesoro en el corazón.

De hecho observo, miro, me emociono y admiro una foto afortunadamente en colores en las que posan abrazados el genial Diego Armando Maradona, con su indumentaria roja de Argentinos Juniors, con sus rulos,  su carita fresca, su gesto jovial. A su lado está el fantástico número diez del conjunto merengue, de finales de los 70, nacido en Tucumán: el famoso Eduardo “lalo” Bacas, futbolista que ya es parte de la historia  casi mitológica del querido Altos Hornos Zapla.

Los dos aparecen retratados a espaldas de la tribuna preferencial del estadio Emilio Fabrizzi, con el fondo que muestra algunos vacíos, ya que evidentemente el partido correspondió a una fecha más del viejo Torneo Nacional, en la que estoy seguro, que fue la tarde en el que “Dieguito” lo hizo arrastrar  al arquero Coronel con un par de tiros libres magistrales.

Ese día Diego hizo de las suyas, mientras el público en cada esquina  de la cancha, se abarrotaba contra el alambrado cuando se disponía a ejecutar un corner. La cuestión era verlo de  cerca, aunque no se lo pudiese tocar. Diego estaba en su incipiente idolatría que lo llevaría a ser el más grande de todos los tiempos.

Pero hablemos del otro fenómeno que lo acompañaba en esta foto sensacional: Eduardo Bacas, con su estampa de gran jugador, sacándole una cabeza de altura a Diego, y con un  físico privilegiado para un número diez deslumbrante.

Muchas veces me preguntaron cómo era futbolísticamente  el “lalo” Bacas y con una sencilla contundencia, respondía: Eduardo Bacas, para mí era Mario Alberto Kempes. Sí, porque era un matador; cuando levantaba la cabeza, inflaba el pecho y cuando arrancaba con su proverbial habilidad, parecía anunciar a su marcador  o a toda la defensa contraria  que te  encaraba o te encaraba.

¡Claro que era un fenómeno! Por eso, esa camiseta número diez tuvo luz propia como tal vez otros que la vistieron. Por eso fue crack no sólo en su club, sino cuando prestó sus servicios como refuerzo para Gimnasia y Esgrima y en Atlético Ledesma, en donde el viejo Ángel Tulio Zof  lo tenía como su jugador favorito. En  el “lobo jujeño”, tuvo compañeros como Varela, Teloni, Gonzalo, Otaola, Barreiro, Ainstain, Altamiranda, Gile o Carlos García.

Como dijimos, don Ángel Tulio Sof  siempre lo quiso y también lo ponía cuando Atlético Ledesma clasificaba a algún Nacional. Estuvo junto al arquero Bignone, Roldán, Chazarreta, Bedogni,Rubiola, Farías  y Augier, por nombrar algunos integrantes de algún plantel.

Obviamente que en algunas oportunidades, jugando para cualquiera de estos equipos jujeños, salía en la síntesis de la fecha en la revista El Gráfico, con su foto que lo destacaba como la figura del partido con puntajes que iban del 7 hasta los 10 puntos, como sabía calificar la revista la actuación individual de los jugadores.

Sus hermanos Miguel y Jorge también supieron jugar en gran nivel; Miguel era exquisito, mientras Jorge era una máquina de correr  y también jugar.

Como mencionáramos una y otra vez, Ángel Tulio Zof  se llevó a Rosario Central a su jugador predilecto, por lo que Eduardo Bacas llegaría convocado allá por 1979. El técnico además de Bacas, llevó hombres como Héctor Chazarreta, el arquero Daniel Carnevali , promoviendo además a Daniel Esperandío y Omar “el negro” Palma.

Ese equipo que la hinchada llamaba “La sinfónica”, ganaría el Nacional 1980, e incluso Bacas con su Rosario Central, pasó en por Jujuy jugando ante Gimnasia y Esgrima, partido que ganó el “lobo jujeño” 3 a 2.

Después llegó el momento de emigrar hacia el futbol mexicano. Llegó al popular club América, Deportivo Neza, Tigres y también por el Tampico Madero. Además de un gran jugador, era un buen tipo, muy generoso. En aquellas primeras entrevistas de principiante periodista, nos hicimos amigos  y hasta me invitó a continuar mi profesión en México. La intención estaba, pero yo era un muchachito y me hubiese costado mucho irme tan lejos de mi Jujuy.

Pero les quería compartir esta foto de un hincha de futbol, en la que en cancha de Altos Hornos Zapla, posaron para la  posteridad “el “pibe de oro” Diego Armando Maradona  con la lozanía de sus 17 años. A su lado, uno de los enormes jugadores que se puso la camiseta número diez del querido conjunto “merengue”.

Esta foto todavía resplandece de futbol, escarba uno de los más profundos recuerdos y te eriza aún la piel, aunque los años hayan pasado.

El Poeta del Fútbol