A la “Mamita” hay que cumplirle
Claro que en nuestra Quebrada estábamos haciendo fuerza para que Argentina venciera a los chilenos, mientras que le rogábamos a nuestra “Virgencita” de Copacabana del Abra de Punta Corral, quién se mantuvo incólume, con su rostro moreno, con su manto celeste y blanco, como los 40 millones de argentinos que hacían de un país, un verdadero infierno, mientras en el cielo celeste y blanco de Tilcara, que perdonara a aquellos que vinieron un día y aseguraron volver en caso de salir campeón mundial en México 86.
Esta vez era la Copa América en la final ante Chile, que a posteriori, nos volvería a ganar por penales como en la edición anterior, como ya se sabe…
Había paz, aunque perturbada por tanto contagio colectivo de ver a nuestra Argentina. Mientras la clemencia de los parroquianos viendo a los decididos argentinos ir a la “yugular” de Chile, en tanto los trasandinos, pergeñaban ponerle un vallado a Messi y un poco de leña al partido.
Futbolísticamente, el encuentro tuvo al árbitro brasileño que se encargó de desnaturalizar el trámite con sus fallos, que le permitieron a Chile situarse en un contexto que, más que un partido internacional, parecía un encuentro de barrio. Vívida está todavía aquel gol malogrado por Higuaín, mientras siempre tres o cuatro chilenos “arriaban” a Messi como una presa a la que había que comerse.
Eso se veía mediante el televisor, en medio de toda Tilcara, cuyas calles estaban más solas y silenciosas que nunca. Como buenos devotos mientras los minutos se extendían hasta extinguirse, llegaría el momento de los penales, mientras los parroquianos nos mirábamos unos a otros, casi derrotados de antemano. Y pasó lo que pasó, la suerte fue para los chilenos y la maldición para nosotros…
Lo que me gustaría dejar en claro, es que la “Mamita Virgen” no castiga, solo bendice y lo hace con los que cumplen con alguna promesa suelta sobre la briza o el viento que se lleva mágicamente en esa ofrenda espiritual, esa oración que llega simplemente a los oídos de Dios.
Porque a lo mejor suene recurrente caer en la misma historia que los lugareños citan, cuando de acordarse se trata, en algún bar o en la misma parroquia. Es que todavía resuenan los ecos de promesas incumplidas –negadas además por los protagonistas futbolísticos de aquel entonces-.
Sin embargo, con tantos cabildeos, una vez más, lo acordado no se cumplió. Sin embargo el “coya” no sabe de rencores, aunque rece en sus estrofas: “nunca te rías de un coya”, que recita tan bien Don Fortunato Ramos.
Entonces vuelven los recuerdos de aquel trabajo previo de nuestra Selección en nuestra Quebrada. Pensar que fueron nada más que diez días cuando la Selección de Bilardo decidió aclimatarse para esa competencia mundial, que por una cuestión de altura les serviría a los nuestros, para “aclimatarse”. Fue un 5 de enero hasta el 15 de ese mes, en dónde el plantel y el cuerpo técnico tuvieron que adaptarse absolutamente a todo.
Pero hubo anfitriones de lujo, desde la intendencia y de célebres lugareños que fueron testigos de aquellas vivencias. Por ejemplo Carlitos Cabrera –propietario de un bar– suele contar entre música y relatos, la historia de los milagros de la Virgen a todos los turistas que lo escuchan embelesados. Mucho más aún que Argentina volvió a quedarse sin la copa, faltando tan poquito…
Como así también David Gordillo, un reconocido folclorista que se dio algunos lujos que luego se iban a saber. También Roberto Cari e Isidoro Martínez fueron partícipes de la odisea de nuestra selección en la paradisiaca Tilcara.
Lo cierto es que aquella vez, la idea era entrenar en la cancha del club Terry (que no tenía las buenas instalaciones de ahora), por lo que decidieron entrenar en la cancha de “Pueblo Nuevo”, con algunos pozos, en medio de un dispositivo de seguridad de la AFA y las miradas atónitas de los pueblerinos.
Aunque no estaba Maradona, Burruchaga o Pumpido, sí estaban presentes el resto de los que se consagraron en el mundial del ‘86.
Pero la parte más importante fue en esas tardecitas de descanso y esparcimiento, cuando llegaron (vaya a saber por sugerencia de quién) a la Iglesia del pueblo en donde a los “changos” que vivieron esta aventura, les consta que los jugadores escucharon la leyenda de la Virgen y realizaron una promesa con el objeto de que se les cumpliera el anhelo de salir campeón.
Después las anécdotas cuentan que, muchas veces los muchachos que sirvieron de “relleno” en el equipo de “sparring”, como el “bicho” Gordillo que jugaba muy bien y se dio el gusto de tirar paredes con “el bocha” Bochini.
También aquella noche en la los futbolistas participaron de un agasajo por la gente del lugar y que el “Narigón” Bilardo –por querer vigilarlos– se vistió de “chola” con vestido y sombrero bien grande, para que no le notara su prominente nariz y que los jugadores no se dieran cuenta que él los estaba espiando disfrazado.
Pero volviendo al mito sagrado, contaba el cura de la iglesia Ernesto Vilte, que la devoción por la Virgen de Punta Corral es tanta, que hubo entre muchos relatos, promesas cumplidas y conmovedoras, tal vez difícil de creer para los que nunca llegaron por estos lugares.
Pues bien amigo, recientemente estuvimos a punto de salir campeones del mundo ante Alemania, pero no pudo ser una vez más. Por más de los méritos hechos, el orgullo y la alegría que causó la buena actuación durante el Mundial Brasil 2014, para un jujeño es difícil no dejar de pensar en la leyenda de la “Virgencita” de Copacabana del Abra de Punta Corral.
Ahora volvió a ocurrir con Chile por segunda vez consecutiva por la vía de los penales que es una cuestión muchas veces azarosa. Creer o reventar, pero nos fuimos del bar caminando despacito rumbo a la plaza pensando en el fútbol y en lo teologal.
¡Eso sí que nadie piense que todo esto se trata de una maldición! Porque la “Mamita Virgen” no maldice, solo bendice… Eso sí: a la virgen, hay que cumplirle…