A casi cinco años de la muerte de "Los Ángeles del Camión"
La despedida de aquellos muchachos que habían perdido su vida en la ruta, pero no su alma, ya que ellas permanecerán por siempre en lo alto de la tribuna, envueltos en las banderas más azules, como los cielos primaverales de Perico, se hicieron inevitables como lúgubres.
Salimos de tardecita, ya casi la noche nos cubría al salir de nuestra ciudad. Habíamos preparado todo, sobre todo llevábamos muchos puesta la camiseta del “Expreso” como buen “sangre azul”. A nosotros, los hinchas o los locos (como quieran calificarnos), nunca nos importó cómo llegar a donde fuera, con tal de seguir la estela azul de tus viajes, como si fuera ese cometa que marcara nuestros rumbos. Menos aún ese día 30 de octubre de 2012, en el que debíamos estar presentes por mandato divino de los fanáticos de ayer, hoy y de siempre.
Jugábamos el clásico con Zapla y no podíamos ausentes, como cuando jugábamos con Gimnasia, para demostrar que Perico es pueblo y carnaval. Recuerdo que nos subimos al camión (éramos más de cien muchachos, pero ya no vale la pena discutirlo), lo cierto es que con la alegría de siempre y con la premura del horario del partido que nos apuraba, partimos al grito inmortal de ¡soy Talleres, soy Talleres! haciendo estremecer la noche del martes, entre los kilómetros que se achicaban y los árboles que con sus siluetas parecían saludarnos. El viento estaba calmo, y no veíamos la hora de llegar al estadio de Gimnasia y armar la fiesta que teníamos preparada.
Pero nuestro destino estaba marcado, porque cerca de Palpalá en el paraje “Palo Marcado”, nuestro rumbo, golpeó violentamente nuestras vidas. Es que un colectivo nos impactó desde atrás, cortando el entusiasmo y la esperanza de llegar a destino.
Todo fue descontrol, horror, gritos extraviados en la noche, dolor, desesperación , mientras un grupo de muchachos habían caído al asfalto y las primeras manos auxiliadoras eran las nuestras, que consolábamos a todos, gritábamos para algunos despierten de esa pesadilla, hasta que llegaron a nuestro auxilio.
Algunos nos calmamos, sentados en un costado, con las manos temblando, con la mirada perdida en la noche, hacia la nada.
Luego de que los hermanos de la tribuna fueran llevados de urgencia, sin saber la dimensión de las consecuencias del pánico que sufrimos, nos llegó la ingrata noticia: Matías López, Alan Balderrama, José Luis Flores y Pablo Tolaba, se fueron hacia la eternidad, para denominarse “Los ángeles del camión”… El amanecer del día después fue sombrío, con un silencio que aturdía, y con el murmullo de una ciudad acostumbrada a otros estados de ánimo. La despedida de aquellos muchachos que habían perdido su vida en la ruta, pero no su alma, ya que ellas permanecerán por siempre en lo alto de la tribuna, envueltos en las banderas más azules, como los cielos primaverales de Perico, se hicieron inevitables como lúgubres.
Pasaron cinco años de congoja, de mirar hacia arriba , creyendo que en cualquier momento los volvería a ver. Pero el tiempo pasó, tratando de domar el salvaje almanaque.
Hoy volvemos a un día sensible pero diferente, en donde amaneció con banderas azules en algunas casas, muchachos con camisetas del “Expreso”, con el himno que baja del cielo diciendo ¡soy Talleres, soy Talleres!, ese cántico que interpretaron nuestros abuelos y nuestros padres.
Porque hoy, además de recordar a nuestros mártires y de volver a encomendar a Dios las almas de Matías, Alan, José Luis y Pablo, hoy el pueblo periqueño declara que Los Ángeles del Camión permanecerán siempre en nuestro corazón, porque ellos y nosotros, siempre estaremos, aún después de la muerte.
El Poeta del Fútbol

