A 15 años de la partida del cura Marcelo Göttig, el padre del fútbol jujeño
Todavía lo vemos con su sotana cuando la nostalgia nos hace pasear por la vereda del colegio, recordando el desafío de un partido, jugando cada pelota sin escatimar fervor y predicando la palabra de Dios.
Pasarán los años y hasta los periodistas, pero en el Colegio del Salvador de San Salvador de Jujuy, nadie podrá ignorar lo que fuiste como docente y evangelizador.
Esos tiempos ya no vendrán, porque vimos pasar a muchos predicadores que nos señalaron la palabra de Dios, pero como vos no hubo ninguno que nos enseñara con tu prédica y –sobre todo con tu ejemplo- el verdadero testimonio del Padre supremo, a través de tu impecable narrativa (algunas veces con algún correctivo) de lo que era ser cristiano y sobre todo buena persona. Eso nadie lo podrá reponer, a pesar que un día te tocaron el hombro porque eras un “cura” diferente que predicaba con la Biblia y la pelota.
Para entonces ya eras un patriarca del fútbol jujeño, porque en ese potrero que yace sobre otros cimientos que el colegio decidió matar, estaba la “canchita” de la institución de los que muchos iban a hablar.
Allí estaban Jorge Cafrune, el gran folclorista que debe estar al lado tuyo y los futbolistas que todavía se enorgullecen de haberte tenido como entrenador de la vida misma.
En tanto, el Colegio El Salvador era un semillero inagotable de talentos que luego se dispersarían por el mundo, como fue el caso de “El Rana” Valencia; “Josi” Palacios, goleador de Gimnasia y Esgrima; Jorge Ortega (hoy en Japón); el “Pájaro” Juárez; el “Turco” Alul, o Mario Humberto Lobo, máximo ícono de Gimnasia. La lista es inagotable de aquellas épocas doradas de los torneos barriales, de los Juegos Evita y de un tiempo maravilloso.
Sé que me quedo corto con tantos niños que criaste y que fueron ídolos de nuestro fútbol; muchos brillaron fuera de la provincia pero también partieron hacia otras fronteras. Me quedarán como asignaturas los nombres que tal vez no se destacaron, pero que fueron también fruto de tu cátedra.
Habrá otros que hoy sacarán pecho, diciendo “el cura Marcelo me dirigió”, como médicos, arquitectos, ingenieros, abogados que quién sabe por dónde andarán ahora. Pero estamos seguros de que, por sobre todo, fueron buenas personas, aún sin conocer las luces de la popularidad como sus compañeros que llegaron a ser cracks.
Padre Marcelo Göttig, todavía lo vemos con su sotana cuando la nostalgia nos hace pasear por la vereda del colegio, recordando el desafío de un partido, jugando cada pelota sin escatimar fervor y alzándose en el aire con el “Turco” Cafrune, lo que le costó una herida en el arco superciliar izquierdo, por haber ido con vehemencia al cabezazo.
Pero no solo este rincón es para hablar de fútbol, sino también para tu predicación por el canto y la música, porque también formaste el coro más destacado de Jujuy.
Los que no te conocieron deberán saber que naciste el 5 de Agosto de 1914, para dejarnos casi desamparados por tu sapiencia un 26 de mayo del 2001, un día nublado y frío, pero con nuestro corazón candente, pleno de memoria y de ganas de recordarte por siempre.
Una mañana de agosto, en honor a tu fecunda vida en la entrada a la Liga Jujeña de Fútbol, se instaló un busto en el que tu inconfundible rostro nos refleja a los que te conocimos, con tu semblante de hombre digno, tu rasgos de maestro y cultor del misticismo de la religión y también de la devoción por el fútbol con el que supiste evangelizar.
Sólo deseamos decirle gracias y hasta cada emoción “Padre Marcelo”. Pasaron quince años y su huella no se borra ni se borrará jamás.
Gracias por los “cracks” que formó, por ese semillero inolvidable de futbolistas y de personas que nadie en esta y en otra vida pondrán negar.
Padre Marcelo Göttig, usted ya es eterno, por eso debe estar formando un equipo de ángeles para un nuevo campeonato en el que todos iremos a participar alguna vez el mismo cariño y la misma pasión.
El Poeta del Fútbol

