4 de marzo, feliz cumpleaños “Burrito” Ortega
Hoy cumple 41 años uno de los más grandes ídolos jujeños. Debutó en River el 14 de diciembre de 1991 frente a Platense, convirtiéndose en uno de los jugadores emblemáticos del club de Núñez.
Con el único con el que se lo podrá comparar, aunque con la contra de los videos y la falta de testimonios, será con su paisano, Antonio Rosas Alderete. Porque, junto con Ariel Arnaldo Ortega fueron los que mejor movieron la cintura y plantaron un freno. Salvo alguna historia, que siempre fluye de aquellos ídolos quiméricos del que te cuentan en cada barrio, y en cada pueblo.
El “Pulga” y el “Burrito”, Alderete y Ortega, fueron dos de los paradigmas del fútbol del Ramal, en la querida Liga Regional de los pagos en los que nacieron.
Solo que uno, “el pulga” Alderete, vino de los lotes para brillar en Gimnasia de Jujuy, para partir hacia Córdoba con el “Rana” Valencia, y para darse el gusto de ponerse la camiseta Nacional.
Claro que eran otros tiempos, en que había más “cracks”, y era más difícil pelearla, lo que no le quitaba valía a la irrupción grandiosa del Ariel Ortega, de los cañaverales hacia el país y el mundo.
Vale la pena recordarlo de muy chico, con sus amigos en sus correrías por los cañaverales, extrañamente jugando al rugby en el Club Ledesma, hasta que los potreros, especialmente, la canchita cerca de la casa de su abuela, se lo llevó, para contarle la magia y los misterios de la pelota de futbol.
Por eso emergió como un “Peter Pan” enfrentando con valor a sus compañeros de la primera de Ledesma, que parecían temibles como el “ Capitán Garfio”, cuando debía enfrentar a “ La mula González”, el “ negro”Audamas o Venancio Herrera, quienes se lo querían comer en cada práctica.
En cambio, al “burrito” le gustaba juntarse a tocarla con Isidro Iturrieta o “Pedrito” Guiberguis (dos jugadores sensacionales para dialogar futbolísticamente)
Ya en otras páginas conté de su tempranero debut en Ledesma, en donde pudo desplegar parte de su repertorio futbolístico. Sin dudas, una piedra preciosa que, Roberto Gonzalo – personaje de nuestro futbol – llevó para triunfar en la capital.
Al principio durmió bajo las tribunas del Estadio Monumental, en esas cálidas habitaciones que el Club le brindó al pichón de gorrión que luego volaría alto por el cielo de Buenos Aires y por todo su país.
Sus gambetas y “cortadas”, fueron un vals para los contrarios que no pudieron descifrar, sus jugadas y ocurrencias traídas de los cañaverales de Ledesma.
Aunque la fama lo fue “apichonando” para dar notas periodísticas, él solo deseaba la fraternidad de sus afectos, y sobre todo, en las fiestas de fin de año estar con los suyos, en vez de las grandes luces y de lo que pudo conocer allende el mar, en el viejo continente.
Toda tu vida ya la conoce todo el mundo, ¿para qué hacer historia con fríos números o formales estadísticas ¿???.
Son 41 años de picardía. En el templo del estadio Monumental de Núñez, allí en donde “La máquina”, el “Beto” Alonso o Enzo Francéscoli pudieron recibir el fuego sagrado de todo el estadio, en ese mismo lugar se te pudo ver por la raya de cal por donde anduvo Walter Gómez… Ahí ya te imagino ofreciendo tu corazón como en cada tarde, con tus ojos vidriosos mirando hacia el arco del Río de la Plata, escuchando agradecido a la platea San Martín (que no perdona a nadie pero que te extraña y aún te adora)
Todavía me rindo ante los videos que me recuerdan tus hazañas, mientras veo tus últimos “regates”, tu último grito besando el manto sagrado de la banda roja, mientras Víctor Hugo Morales rubricaba tus hazañas con su estentórea vos diciendo: ¡ Jujuuuuy ¡ Ariel Arnaldo Ortega, el muchacho de Ledesma!!!!!!!
El Poeta del Fútbol

