El efecto de los gritos en los hijos
Castigar, especialmente en lo que se refiere a los castigos físicos, se ha convertido en una de las grandes prohibiciones de nuestra época. Cada vez son más los especialistas que investigan, hablan o escriben acerca del daño que conlleva castigar, y más los padres que se cuestionan si deben seguir castigando a sus hijos.
Pero a medida que esto sucede, hay una mayor cantidad de padres que recurren a los gritos como una forma de disciplina. Y claro, la polémica no se ha hecho esperar: ¿gritarle a los niños es tan malo como golpearlos?
Pues bien; muchos opinan que sí.
En realidad, si lo analizamos, gritar es una forma de castigar. Muchas veces recurrimos a los gritos como una forma de lograr que los niños hagan lo que nosotros queremos, cuando todo lo demás ha fracasado. En esos momentos olvidamos que el verdadero objetivo de la disciplina no es controlar, sino guiar a nuestros hijos, favoreciendo el aprendizaje y el desarrollo de habilidades sociales; es ayudar a que el niño aprenda las reglas que le permitan la convivencia en sociedad, sin perder su originalidad y sin tener que romperle el espíritu para lograrlo. Forzar a un niño a obedecer nada tiene que ver con eso.
Es muy común que, cuando le gritas a tus hijos, se establezca un círculo vicioso: no es que te guste gritarles, pero cuando tus hijos se portan mal, intentas de todo y, poco a poco, tu paciencia se debilita; la frustración toma el control y… cuando menos te das cuenta, ya estás gritando.
Otro resultado indeseable es que ellos mismos se convierten en expertos en gritar. Sí, los niños que viven en un ambiente donde se grita, aprenden a gritar
Los estudios recientes revelan que gritarle a los hijos puede ser tan dañino como el castigo corporal, y podría causar problemas de conducta y problemas de desarrollo emocional:
Quizá lo más grave es que, según han encontrado algunos psiquiatras infantiles, gritarle a tus hijos puede dañar sus cerebros, así como lastimar sus oídos. Gritar provoca una reacción fisiológica tanto en los padres como en los niños:
Me queda claro que, a veces, es muy difícil no gritarles a tus hijos; la vida en familia es todo un caldero de emociones y hasta las familias más felices tienen su dosis de conflictos. Pero ¿en qué momento los gritos se transforman en intimidación, bullying o abuso verbal?
La mayoría de los “gritones” experimentan muchos sentimientos de culpa y, aunque muchos se preocupan del daño que ocasionan al gritar a sus hijos, la verdad es que muchos de los niños pronto aprenden a “desconectarse” y dejan de prestar atención. Lamentablemente, esto no significa ni que los padres dejen de gritar, ni que los gritos dejen de hacer daño.
Fuente: bbmundo.