Disciplina positiva
Una correcta crianza no es sinónimo de castigos, premios ni intimidaciones; al contrario, la disciplina se basa en el respeto y la confianza familiar.
06 de octubre de 2015 - 00:00
Esa creencia de que el padre debe castigar, intimidar y sembrar temor a sus hijos para disciplinarlos, lejos de lograrlo, siembra en ellos inseguridad.
“Los padres sufren terriblemente por el temor de que los niños obtengan malas calificaciones y por esto continúan haciendo lo mismo. Pero si utilizamos las luces largas que promueve la disciplina positiva, la cual nos invita a pensar en cómo queremos que sean nuestros hijos cuando cumplan 20 o 25 años, esto de seguro nos hará recapacitar sobre lo que estamos haciendo porque, ¿quién quiere estar ayudando a sus hijos a estudiar y a resolver sus asignaciones cuando vayan a la universidad? ¿Acaso vamos a ir a la oficina a trabajar por ellos cuando no logren hacerlo bien porque no les hemos dado la oportunidad de desenvolverse solos? Pues creo que la respuesta automática sería ‘no’, y de eso se trata, de crear consciencia sobre la importancia que tiene confiar en los niños y adolescentes y en su capacidad, en asignarles responsabilidades, ponerles nuevos retos e invitarlos a que practiquen, comprendiendo que muchas veces van a cometer errores porque, ¿quién aprende sin equivocarse? Nadie”, argumenta.